Hace un frío neoliberal
la garrafa está vacía
la sacudo deseando que respire
y expulse algo que encienda la llama del calefactor
pero nada bueno parece posible esta mañana
menos cuando leo en Cba24n que se fue Manolo Lafuente
la primera vez que lo ví andaba por las calles de córdoba
como un poeta melancólico que perdió el último bondi
estábamos en el Rincón Mendocino
frente a un pingüino
un grupo de escritores ineditables
Manolo se sentó husmenando las lomos de los libros
que dormían entre vasos y empanadas
y comenzó a recitar algunos versos
de esos autores que eran nuestros santos malditos
siempre lo cruzaba de noche
me inquietaba su frontalidad y sabiduría
me arrebataba su locuacidad y risa
mi viejo lo adoraba
por esas maravillosas tertulias que salían al aire por Radio Nacional
así que le contaba cada vez que el poeta me interpelaba
cuando lo tuve de compañero acá en la FM
siempre andaba barajando un proyecto al que me sumaba
tal vez como le pasa a muchas generaciones menores
la mística de los sobrevivientes nos intimida
su capacidad de seguir contra viento y marea
nos hace sentir quejosos y heridos en vano
la última vez que me escribió un wasap
me pedía que le hiciera una nota
para difundir un evento en homenaje a su amado Zitarrosa
le respondí, que todo bien
pero que la ibamos a tener que hacer en portuñol
porque yo estaba en Brasil
dale, no hay problema me dijo
y después vino el silencio
hasta hoy
que detás de su foto en los diarios
escucho su voz
arrancada de esos pulmones como fuelles gastados por el cansancio y el tabaco
pero que exhalan poesía de otro mundo
ese mundo serrano que habitó con desparpajo
esa sociedad de poetas muertos
que conspira contra el tiempo
el de los cuerpos
y el del mercado
Chau Manolo
en este cementerio que nos prometen
la velocidad de tus palabras
la profundidad de tus afectos
la risa de tus bufonadas
seguirán ardiendo
para que llegue la primavera que tanto soñamos
 

Murió Manolo Lafuente: "El hombre de la calle", poeta y periodista