Hoy, la gestión del tema coronavirus por parte del gobierno nacional recibe una calificación positiva de casi 80%, apenas 18,1% de regular y 2,4% de negativa (encuesta de Celag).

Así, en este tema, la “grieta” se ha diluido. Al presidente se le reconoce, en términos perceptivos de opinión pública, que actuó con mejor timing que los gobiernos de otros países, y que con el ex presidente Mauricio Macri lo situación hubiera sido peor: casi un 60% tiene esa creencia según Rouvier, casi 12 puntos porcentuales arriba del caudal del Frente de Todos el 27-O-19 (48,24%).

El dato de que hasta un 65% de los electores votaría hoy a Alberto Fernández como presidente es consistente con el actual estado de opinión, aunque no se corresponda estrictamente con un escenario de intención de voto.

 

Estas tendencias también permean en la aprobación general del gobierno: según Analogías, en mayo casi 70% lo aprueba y apenas 16,5% lo desaprueba, con casi 14% de ns/nc.

Así, considerando estas cuatro variables clave, el oficialismo cuenta hoy con una adhesión social que oscila entre un piso del 60% y un techo del 70%.

En términos políticos, supera con holgura el plebiscito de las encuestas, hasta la próxima elección nacional.

 

 

Sin embargo, la agenda de la gestión Fernández no se agota en el tema coronavirus-cuarentena ni en el impacto sanitario y económico de esa coyuntura.

El desafío es traducir el apoyo que hoy tiene en las encuestas en consensos que acompañen las medidas que el oficialismo considera necesarias para, a corto plazo, afrontar la pandemia y, a mediano plazo, para reactivar una economía que venía de dos años de recesión seguidos (2018-2019) con Cambiemos y a la que 2020 terminó de enfriar con el Covid-19.

El célebre consultor Dick Morris hablaba de los “sixties”, en referencia a todos los “issues” que tuvieran un 60% o más de apoyo social, y le aconsejaba al ex presidente norteamericano Bill Clinton expresarse públicamente a favor en todos esos temas. En cuestiones de política económica la iniciativa la tiene el oficialismo, con lo cual resulta pertinente analizar cómo su discurso conecta con las tendencias sociales o las permea, a los efectos de avanzar con su agenda, en especial en el Congreso, en medio de condiciones inéditas para el debate y el trámite parlamentario.

 

 

El oficialismo tiene mucho más que un "sixtie" en la propuesta de aplicar un impuesto extraordinario a las grandes fortunas: casi el 80% se muestra de acuerdo con esa idea y apenas 16% en contra, según Raúl Aragón & Asociados.

La encuesta del Celag muestra una tendencia similar: 76,2% a favor y 21,4% en contra.

 

 

El apoyo al oficialismo es aún mayor cuando se indaga la posibilidad de más intervención en el sistema de salud privada por la coyuntura del coronavirus: casi 77% está de acuerdo con intervenir esas clínicas para disponer de más infraestructura, según Celag.

 

 

Más alto aún es el apoyo a una intervención gubernamental en el control de los precios de los supermercados: 86,4% de acuerdo, vs apenas 10,2% de desacuerdo, según Analogías.

En síntesis, las tendencias muestran que el gobierno mejoró su legitimación en la opinión pública, dentro de un contexto de revalorización de lo colectivo y del control del Estado en la redistribución de los recursos. El desafío es volcar ese apoyo en el debate legislativo de la política económica que se viene.