En las últimas dos columnas repasamos encuestas de Ricardo Rouvier & Asociados y del CEOP que medían el desempeño del gobierno nacional en relación a la compra y aplicación de vacunas contra el Covid-19.

Según el promedio de ambos estudios, un 66,2% evaluaba de manera favorable el plan de vacunación versus 31,9% que lo evaluaba de manera desfavorable. Es decir, dos de cada tres electores apoyaban al gobierno en esta variable, lo que confirmaba nuestro análisis preliminar de que en este tema había una grieta atenuada con un apoyo claramente mayoritario.

Asimismo, ese acompañamiento se ubicaba en el mismo orden de magnitud de quienes se sentían informados respecto a la campaña de vacunación (71,7%), mientras que las opiniones negativas estaban cerca de la proporción de quienes se sentían poco o nada informados al respecto (casi 27%), según la última medición que la consultora Zuban Córdoba hizo de esa variable a nivel nacional (gráfico arriba).

Sin embargo, esas tendencias eran previas al affaire del “Vacunagate” que estalló el viernes pasado y que llevó al presidente Alberto Fernández a desplazar al ex ministro de la cartera de Salud, Ginés González García, por su presunta participación en la gestión de vacunas para personas influyentes.

Lamentablemente, la primera encuesta respecto de este tema, realizada por la consultora Management & Fit, incurrió en un error común cuando se mide de apuro (o a la carta): preguntas sesgadas. Como puede apreciarse en el gráfico de arriba, en la introducción al interrogante cargó el fraseo con el dato referido a la “vacunación VIP” (etiqueta mediática), lo cual genera el sesgo que en metodología de investigación en ciencias sociales se denomina “respuesta de deseabilidad social”: aplicada al caso, la etiqueta “vacunación VIP” con el fraseo medido arrastra las respuestas de la muestra hacia la negatividad, de lo que resulta que casi 61% responde de manera desfavorable sobre el plan de vacunación, vs apenas 27,1% que responde favorablemente (gráfico arriba).

Como se advierte, la tendencia es incomparable con lo que arrojaban las mediciones previas.

El mismo sesgo arrastra las respuestas hacia la confianza en el plan de vacunación “ahora”: la pregunta parte del dato anterior y contrasta la “vacunación VIP” con el concepto de “plan de vacunación justo y equitativo”, lo que deriva en respuestas negativas que están en el mismo orden de magnitud de la variable precedente (61%) y una positiva ubicada 9,5 puntos porcentuales por encima de la anterior.

Una aproximación metodológica y empírica correcta al tema hubiera sido medir las opiniones respecto al plan de vacunación con respuestas en abanico positivas y negativas, como vimos en estudios anteriores, y luego introducir el affaire “Vacunagate” para comparar el antes y el después.

Así, el sesgo introducido en el sondeo de M&F le quita representatividad a la medición, ya que no permite captar el impacto del tema en una serie evolutiva de la variable. Habría que esperar nuevas mediciones de Rouvier & Asociados y del CEOP (o de otros colegas, con una aproximación metodológica correcta) a los efectos de ponderar el desgaste real ocasionado por el “Vacunagate” en las opiniones respecto al plan de vacunación.

Sin embargo, mientras esperamos nuevas mediciones sobre el tema, podemos trazar algunas hipótesis a la luz de investigaciones anteriores. Sin duda, el “Vacunagate” pone en cuestión la transparencia de la información sobre el proceso de vacunación.

En su medición de enero pasado, Zuban Córdoba & Asociados detectó que el 46,5% de los electores a nivel país calificaba a la comunicación del gobierno nacional sobre las políticas y medidas relativas a la pandemia como muy o algo clara, mientras que 51,4% la veía como un poco confusa o muy confusa (gráfico arriba). Así, el resultado estaba en un empate técnico, con respuestas favorables en el orden de magnitud del voto oficialista en octubre de 2019 (48,24%) y desfavorables en el orden de magnitud de la sumatoria de todas las demás listas en esos comicios.

En resumen, una “grieta” en el sentido más amplio del término. El cruce por voto anterior ponía de manifiesto que entre quienes habían votado a Alberto Fernández el 72,1% calificaba a la información oficial como muy o algo clara, mientras que entre quienes se habían inclinado por Mauricio Macri o Roberto Lavagna la información era percibida como un poco confusa o muy confusa rondaba por casi 83% y casi 61%, respectivamente (gráfico arriba).

Así, conforme al “Vacunagate” se suman noticias relativas a que el proceso de vacunación en distritos no gobernados por el oficialismo nacional también incluyó a personajes “VIP” (por ejemplo en Ciudad Autónoma de Buenos Aires, administrada por el PRO), es probable que veamos un desplazamiento de las actitudes respecto al tema hacia un clivaje de grieta clásica.

De confirmarse esta hipótesis, el oficialismo podría sufrir una erosión de parte del plus de acompañamiento que tenía antes del affaire hacia respuestas favorables en el orden de magnitud del voto oficialista (es decir, en torno al 50%, como veíamos en los guarismos de Zuban Córdoba de enero pasado; gráfico arriba).

Al mismo tiempo, es probable que las respuestas negativas se ubiquen en torno al 36,5% que veíamos en ese mismo estudio, dado que si el escándalo nacional se diluye por la aparición de episodios similares en distritos no oficialistas, la posibilidad de que algún referente opositor capitalice el malestar se vería limitada.

Esto, a corto plazo; a mediano y largo plazo, más que uno u otro affaire, lo que terminará zanjando la imagen del plan de vacunación será el proceso de llegada y aplicación de las vacunas, ya que en los próximos días a la Sputnik V se sumarán más de un millón de dosis entre las suministradas por AstraZeneca y Sinopharm.