Los últimos días no serán recordados precisamente como prósperos por el gobernador Juan Schiaretti. Desde el cruento e inentendible suceso que vivió al padre de Solange –quien quiso entrar a la provincia para despedir a su hija, enferma terminal, y le negaron el pase- hasta la profundización de los problemas derivados del Covid 19 pasando por el fuego incontrolable sobre nuestras sierras. Esto sin mencionar el asesinato del jovencito Blas, por ejemplo.

Nada pudo ser peor. ¿Qué tiene que ver un fenómeno natural, por ejemplo, con la política? Mucho, o todo.

La encomiable y conmovedora tarea de los bomberos dirigidos por Diego Concha para darle batalla a las columnas de fuego oculta en parte una serie de errores de planificación y organización en materia de ambiente. ¿Nadie pensó que en agosto hay sequía y vientos en Córdoba y eso convierte a los pastizales serranos en un foco de peligro? Qué pasó con nuestros sistemas de alertas?

La primera respuesta que uno tiende a buscar es que, ajustado por la crisis económica, la administración provincial desfinanció los programas de mantenimiento y de prevención del fuego en todo el cordón serrrano.

Voceros del gobierno niegan que esto sea así. “Los fondos están, aunque… bueno… la pregunta sería si se están asignando correctamente”, se sinceró la persona mientras detallaba las partidas que dispone la Secetaría de Ambiente.

La fuente también reconoció que existe “un marcado perfil bajo” en el área, y ya que sólo fueon los funcionarios “de la trinchera”, Concha y Claudio Vignetta, los voceros habituales que informaban la evolución del cuadro de situación, que algunos días fue dramático.

La sociedad ignora quién es el responsable de esta área gubernamental. Tampoco se pide que realice una declaración pública diaria, pero en estas difíciles circunstancias debiera haber salido a transmitir tranquilidad a la población que organizaba cadenas de oración por nuestros comprovincianos que viven en esos azotados lugares.

Sin embargo, no hubo una sola palabra de Juan Carlos Scotto (así se llama el secretario de Ambiente de la Provincia).

Y si lo hubo pasó francamente inadvertido o lo hizo de manera extraoficial para algún gupo de confianza.

No hay más alertas tempranas ni sistemas de avisos por posibles incendios? Se desmontó todo ese operativo quedio sus frutos en algún momento? ¿Y la plata que pagaron los cordobeses en las boletas de luz para combatir el fuego?

Son demasiadas cosas las que le están pasando a Schiaretti en los últimos tiempos, las cuales ponen en evidencia cierto desgaste de su administración. Tomando distancia prudencial de la administración provincial –lo que es aconsejable en estos casos- se advierte que los equipos de trabajo del gobernador no dan las respuestas de otros tiempos. Es como si faltara capacidad de reacción para resolver casos que, en algunos casos, no son cruciales, pero sí muy sensibles.

Si a esto le sumamos los efectos de la pandemia y la tormentosa situación económico financiera que atraviesa Córdoba, podríamos aventurar quea los próximos tres años cada cordobés deberá transitarlos con una pesada mochila en la espalda. Porque debe quedar claro que el peso que generan los errores siempre terminan recayendo sobre las espalda del ciudadano.