El Frente de Todos es una coalición electoral que en 2019 reunificó el espacio político pan-justicialista: aglutinó al kirchnerismo liderado por CFK como candidata a vicepresidenta y a Alberto Fernández como expresión del PJ no K, mientras que Cambiemos, que en ese momento era la alianza gobernante, recreó su sello en Juntos por el Cambio bajo el liderazgo del PRO, identificado con Mauricio Macri. La conformación de una coalición ganadora funcionó mejor para la oposición: en octubre de 2019, el Frente de Todos ganó la presidencia con el 48,24% de los votos, superando a Juntos por el Cambio (40,28%) por casi 8 puntos porcentuales y definiendo los comicios sin necesidad de segunda vuelta. La elección fue tan polarizada que dejó muy poco en los extremos y al medio por fuera de ambas coaliciones, como se grafica arriba.

La encuesta nacional más reciente de la consultora Pulso Social muestra que el actual oficialismo tiene ventaja en términos de posicionamiento de sus principales referentes: tanto Alberto Fernández como Cristina Fernández cuentan con mayor imagen positiva y menos negativa que el ex presidente, si bien sólo el primer mandatario posee un saldo favorable significativo de 22 puntos porcentuales (es decir, diferencia entre la calificación positiva y la negativa; gráfico abajo).

 

 

¿Cómo ve la opinión pública a los signos políticos que forman parte de cada coalición? En junio, la consultora Zuban Córdoba relevó a nivel nacional la identificación política: un 37,4% se definió como peronista, 31,1% como antiperonista y 31,5% no se definió (gráfico abajo).

 

Según la misma encuesta, casi un 28% se definió como kirchnerista, mientras que casi 44% se definió como anti-K y 28,5% no se definió (gráfico abajo). Es decir, el peronismo como sello genera más identificación positiva y concita menos rechazo que el kirchnerismo.

 

En julio, la misma consultora relevó la imagen del PJ: 48,2% lo calificó de manera positiva y casi 42% negativamente (gráfico abajo). Se advierte que tanto la positiva como la negativa del PJ superan a las identificaciones y rechazos al peronismo por alrededor de 10 puntos porcentuales, lo que implica que no hay transferencia lineal entre ambas variables.

 

El panorama cambia al medir la imagen del Frente de Todos: casi 50% lo califica de manera positiva, vs 37,5% que lo ve negativamente (gráfico abajo). Así, el sello electoral que expresa al oficialismo gobernante logra un saldo favorable de 12,4 puntos porcentuales, casi duplicando al del PJ (6,6 puntos porcentuales). Su imagen positiva es similar al caudal obtenido en 2019: 48,24%. De cara al 2021 que se viene, con las elecciones legislativas de medio término, esto implica que los socios de esa coalición tienen incentivos para mantenerse dentro del frente, más allá de las tensiones que conlleva la convivencia de distintas fuerzas y expresiones en un espacio que está procesando el paso de la coalición electoral exitosa de 2019 a la condición de coalición de gobierno en 2020.

 

Lo contrario sucede al medir la imagen de Juntos por el Cambio: 32,5% lo califica de manera positiva, vs 56,1% que lo ve negativamente (gráfico abajo). Así, el sello electoral que expresa al gobierno anterior tiene un saldo desfavorable de 23,6 puntos porcentuales.

 

Algo similar sucede con la imagen del PRO: 26,2% lo califica de manera positiva, vs 53,5% que lo ve negativamente (gráfico abajo). Así, el partido que lidera Macri tiene un saldo desfavorable de 27,3 puntos porcentuales.

 

En cambio, la UCR, otro de los socios claves de esa coalición, tiene una imagen relativamente mejor: 40,3% la califica de manera positiva, vs 44,2% que la ve negativamente (gráfico abajo). Así, el centenario partido posee un saldo desfavorable de casi 4 puntos porcentuales, mucho menor que el de Juntos por el Cambio y el PRO.

 

En síntesis, la imagen negativa del PRO impregna a la coalición de Juntos por el Cambio, hecho que deviene de que Cambiemos funcionó como coalición electoral exitosa en el ballotage de 2015 y en las legislativas de 2017, pero nunca se conformó como coalición de gobierno: su mesa de conducción siempre fue PRO-pura y el radicalismo quedó acotado a manejar algunos ministerios y a funcionar como resorte parlamentario. De cara al 2021 electoral, la mejor imagen relativa de la UCR respecto al PRO y a Juntos por el Cambio, sumada al desgaste en la imagen de Macri, pueden incentivar el deseo de protagonismo de esa fuerza en las candidaturas, lo que tiene el potencial de tensionar la convivencia y hacer que arrecien las disputas por la identidad partidaria dentro de la coalición opositora.