La escasa convocatoria de la protesta contra el gobierno convocada el sábado 27 de febrero, que trascendió más por la bochornosa puesta en escena de sacos mortuorios (algo que fue rechazado incluso por dirigentes opositores como Martín Lousteau) puso en evidencia, una vez más, una errada lectura del contexto por parte de Juntos por el Cambio (JxC).

Como planteamos en la columna anterior, no se puede calibrar adecuadamente el impacto del “Vacunagate” sobre la base de mediciones sesgadas como la de Management & Fit que repasamos en esa oportunidad.

En rigor, el plan de vacunación del gobierno nacional venía con altos niveles de valoración positiva (superiores al 60% en el promedio de las encuestas), con lo cual tenía “resto” para caer más allá del descontado impacto negativo del affaire.

Por otro lado, el hecho de que la infidencia de Horacio Verbitsky se adelantó a las tapas de los medios opositores permitió la rápida reacción presidencial: con el pedido de renuncia al ex ministro de Salud Ginés González García el mismo viernes en que trascendió el hecho, Alberto Fernández logró amortiguar parte del costo político potencial.

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Pusieron bolsas mortuorias frente a la Casa Rosada

En ese marco, un sondeo realizado por la encuestadora Analía del Franco en el conurbano bonaerense (Gran Buenos Aires, GBA) reveló un elevado apoyo a la actuación del presidente en el caso de las “Vacunas VIP”.

Según el informe, en términos acumulados casi 69% (68,8%) pondera de manera positiva su desempeño en el affaire, contra un 28,5% por ciento que lo califica de manera desfavorable (gráfico arriba).

Por su parte, a nivel nacional, el último estudio de Zuban Córdoba reportó que el 76,1% de los electores argentinos está de acuerdo con el pedido de renuncia a Ginés González García (gráfico abajo), un guarismo aún superior al registrado en el conurbano bonaerense (bastión del Frente de Todos, FdT).

A los efectos de ponderar a nivel nacional el desgaste real ocasionado por el “Vacunagate” en las opiniones respecto al plan de vacunación sin el sesgo con el que midió el tema M&F, podemos comparar el resultado reportado por Zuban Córdoba en su informe previo al affaire con el más reciente, realizado luego del hecho: en enero pasado, el 50,1% calificaba de manera positiva el plan de vacunación, versus 36,5% que lo calificaba de manera negativa (gráfico abajo).

El último estudio de esa consultora, realizado a fines de febrero, arroja para el plan de vacunación 50,1% de calificación positiva (estable) vs 43,9% de negativa.

Así, después del affaire hay una suba de 7,4 puntos porcentuales en la evaluación desfavorable, con lo que a corto plazo el impacto del “Vacunagate” se traduce en una distribución de opiniones que replica la grieta, tal como anticipamos en la columna anterior: quienes califican de manera favorable al plan de vacunación superan el 50%, lo que se ubica en el orden de magnitud del voto oficialista en octubre de 2019 (48,24%), mientras que quienes lo califican de manera negativa se ubican en el orden de magnitud del caudal de JxC en los mismos comicios (40,28%).

Otro error de lectura por parte de JxC es no haber tenido en cuenta el efecto virtuoso del “Vacunagate”: paradójicamente, la “vacunación VIP” transformó en aspiracional la posibilidad de vacunarse, lo que demolió la resistencia a vacunarse sobre la que se venía montando la campaña opositora desde que en noviembre de 2020 comenzaron a llegar las primeras noticias sobre el desembarco de la Sputnik V.

En enero pasado, la propensión a vacunarse rozaba el 50% y se ubicaba en el mismo orden de magnitud del voto al FdT en octubre de 2019, mientras que ahora roza el 70%.

Por contrapartida, el casi 28% que decía que no se vacunaría en enero pasado se desplomó a 16,4% a fines de febrero (gráfico arriba).

El retroceso de la posición anti vacunas por debajo del 20% suma un nuevo traspié en el contorsionismo discursivo de la alianza conducida por Patricia Bullrich, que pasó de denunciar al presidente por envenenamiento a reclamar por esa misma vacuna.

El error de lectura de contexto se agrava al considerar que, a nivel país, la caída de la posición anti vacunas ya era visible en la serie histórica de Management & Fit: entre noviembre de 2020 y enero de 2021, la propensión a vacunarse creció 13,7 puntos porcentuales (de 36,3% a 50%), mientras que el rechazo insinuó un torno descenso al 20% luego de haber hecho un pico de 24,1% en diciembre pasado (gráfico arriba).

El contexto sugiere que el “Vacunagate” aceleró este proceso, lo que paradójicamente beneficia al gobierno nacional luego del escándalo, ya que demuele la campaña anti vacunas de la oposición más dura. Probablemente este sea otro error de la campaña de JxC bajo la conducción de Bullrich: correrse tanto hacia la derecha del espectro político que terminó por disputar agenda y referentes con el movimiento libertario, incluso los más reaccionarios entre ellos.

Esta tendencia visible a nivel nacional también se verificaba en la provincia de Córdoba antes del “Vacunagate”: según la serie evolutiva de Consultora Delfos, entre noviembre de 2020 y febrero de 2021 la propensión a vacunarse creció 17 puntos porcentuales (de 46% a 63%), mientras que el rechazo cayó 6 puntos porcentuales (de 31% a 25%; gráfico arriba).

Cuando se compara la propensión por segmentos etarios, se observa que mientras en los grupos de 18 hasta 65 años la afirmativa ronda entre el 56% y el 63%, en los mayores de 65 (núcleo duro de los votantes de JxC en todo el país y también en Córdoba) la intención de vacunarse ya trepaba al 81% antes del “Vacunagate” (gráfico abajo).

En síntesis, los datos de las encuestas disponibles limitaban de antemano las posibilidades de éxito de una protesta que no acertó en el timing ni en las consignas.