El español derrotó a Novak Djokovic por 6-0, 4-6 y 6-1 y se coronó por novena vez en el Foto Itálico.

El mejor jugador sobre polvo de ladrillo en la historia del tenis no había podido conseguir títulos este año y necesitaba un impacto fuerte antes de la gran cita en Roland Garros.

Y lo consiguió en Roma, con una clara victoria sobre un Novak Djokovic que llegó sin nafta a la final luego del desgaste que sufrió en sus partidos contra los dos mejores tenistas argentinos.

Fue 6-0, 4-6 y 6-1 para Rafa, que mostró el gran nivel de sus mejores días y encontró sobrados motivos para encarar otra vez con grandes esperanzas el Grand Slam parisino.

Desde el comienzo del encuentro, Nole dio señales de estar afectado por el cansancio de sus dos extenuantes últimos choques: el viernes en cuartos de final frente a Juan Martín Del Potro, cuando logró salir airoso de dos match points en contra; y este sábado en semifinales frente a Diego Schwartzman.

Ambos partidos fueron a tres sets y entre los dos disputó 5 horas con 33 minutos (3 horas y un minuto con Delpo, 2 horas y 32 minutos contra Peque). Del otro lado, Nadal tuvo un tránsito mucho más distendido para llegar al encuentro decisivo, algo que terminó de lograr al vencer por 6-3 y 6-4 temprano este sábado al griego Stefanos Tsitsipas, su vencedor la semana pasada en Madrid.

Rafa mostró los dientes de arranque y defendió como solo él puede hacerlo. Djokovic, sin reacción y sin la precisión que puede lograr con sus golpes, padeció el partido de entrada y no tenía enfrente a alguien que se caracterice por dejar pasar las oportunidades.

El primer quiebre llegó después de un game largo en el que Nadal se quedó con la pulseada. Y a partir de ahí, el camino se allanó. Sin mayores problemas con su propio servicio, el español quebró una vez y después otra para terminar de establecer diferencias.

El 6-0 con el que se cerró el primer set fue la muestra elocuente de lo que ocurría dentro de la cancha y la pregunta era si podía verse a partir de ahí algo parecido a un partido.

Y lo concreto fue que algo consiguió Nole en el segundo set. De entrada, pudo salir de cero y lograr el primer game del partido, como para empezar a desatarse. Y de a poco su mejoría se trasladó al juego, con la posibilidad de sostener peloteos, defender mejor y ajustar sus tiros más cerca de las líneas, algo fundamental si quería tener alguna chance contra un Nadal muy agresivo.

En el séptimo juego, pareció que toda la historia se terminaba cuando Djokovic quedó 0-40 abajo. Pero consiguió seguir adelante y mantener la incógnita. Recién en el décimo juego de ese segundo parcial apareció el primer momento de angustia para Nadal, que sacó 0-30 y de repente se encontró a dos puntos de que todo se fuera a un tercer set.

Consiguió recuperarse gracias a un par de errores del serbio, pero después quedó set point abajo. Y esta vez un error de Rafa, con un revés que se perdió ancho, le permitió a Nole conseguir inesperadamente igualar el partido.

A partir de ahí, la gran incógnita era cómo responderían los dos al nuevo escenario. Rafa, que acababa de perder su primer set del torneo, tenía que dejar atrás los errores cometidos en el cierre del segundo parcial y que le habían costado muy caro.

Djokovic, que tenía el mérito de la remontada pero arrastraba el cansancio de los dos partidos anteriores y le sumaba el de la final.

Y Nadal demostró bien pronto que no iba a permitirle ni un respiro a un rival que no podía encontrar la precisión de otros días. De entrada quebró el saque el español y le asestó un golpe a la ilusión del número 1. Y estuvo cerca de repetir en el tercer game, pero el serbio logró quedarse con el juego y evitar que se diera una historia que iba a parecerse mucho a la del comienzo del partido.

Pero después ya no pudo evitar el avance sin pausa de Nadal. Que volvió a quebrarle en el quinto game y dio ahí sí la sensación de que ya no podía haber una nueva remontada. La sentencia, con su saque, resultó a esa altura casi una formalidad. El rey del polvo de ladrillo otra vez sonreía en la tierra naranja.

Esta vez, para su novena coronación en el Masters 1000 de Roma, uno de sus torneos preferidos. Para llevarse además el primer título desde la ya lejana coronación en el Masters 1000 de Toronto, en agosto del año pasado. La sequía se había terminado en el momento indicado y Rafa tenía su título número 82.

Con su victoria, Nadal consiguió descontar la ventaja de Djokovic en el historial, donde ahora manda por 28 victorias contra 26. Claramente, esa es una historia cerrada de la que se escribirán todavía muchos capítulos.

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