La arquera de la Selección, es figura. Sin embargo hay una historia de vida de sacrificio y pasión por el fútbol que merece ser contada.

Vanina Correa, la arquera de la Selección argentina, está disputando su tercer Mundial y este viernes fue la figura con una gran atajada al penal disparado por Nikkita Paris en el partido ante Inglaterra.

Sin embargo su historia de vida es igual o mejor que su desempeño deportivo.

Jugadora de Rosario Central, pasó por Boca, Banfield, y Renato Cesarini. Disputó la Copa del Mundo 2003 y 2007.

En el 2010 el reloj biológico la llamó. Sus deseos de ser madre no podían esperar y tomó la decisión consensuada con su compañera de entonces, de acudir a la fertilización asistida que trajo a sus mellizos, Romeo y Luna.

La maternidad la alejó del fútbol. Hasta que sus amigas, ex compañeras y el seleccionador albiceleste, Carlos Borrello, la llamó para volver a jugar.

Se reparte entre sus hijos, el deporte y el trabajo de cajera en la Municipalidad de Villa Gobernador Gálvez, provincia de Buenos Aires.

A sus 35 años, está en el mejor momento de su carrera, que se puede ver en su actuación en este Mundial Francia 2019.

¡Grande Vanina!

Fuente: La Nación

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