"Sobre todo me gustaría hacer hincapié en que existe un gremio de mujeres taxistas que buscan la igualdad de condiciones".

Antes de retomar su jornada laboral Claudia González pide que se remarque el concepto que motivó a un grupo de trabajadoras del volante a formar la Asociación de Mujeres Taxistas de Córdoba.

Creada en 2007, la asociación inició como un colectivo de “amarillas” que decidió buscar una respuesta propia para los problemas que afrontaban diariamente. Algunos de ellos extendidos ya en una actividad laboral en la que se condensan manifestaciones violentas y machistas. Otros tantos, derivados de su condición de “madres solteras” y únicos sostenes de hogar. 

Quince años después, la entidad mixtura posturas sindicales con acciones de solidaridad y contención para más de 200 mujeres vinculadas al servicio de taxis y remises, entre conductoras y titulares las licencias. 

“Tenemos las mismas necesidades. En nuestra actividad hay falencias con el servicio, reclamamos cosas ante la Municipalidad, por ejemplo. Por eso nos hemos unido y trabajamos juntas sin problemas. Tenemos que estar unidas tanto para conseguir una respuesta como para estar informadas”, explica Claudia.

Con 50 años, y 30 de chofer, es la presidenta de una asociación que no se inmiscuye en cuestiones salariales y cuyas integrantes no se sienten representadas por la lucha del feminismo. Pero reivindican la necesidad de asegurar a las mujeres las mismas oportunidades con que cuentan los hombres.

En el séptimo capítulo del ciclo destinado a presentar a referentes gremiales, la trabajadora manifiesta también su preocupación por el panorama que se abre con la economía de plataformas. En particular a partir de la experiencia de Uber, ante la que sostienen una “prolongada lucha”.

-Me dice que es una asociación, a la que también refiere como gremio. ¿Dentro de los reclamos también incluyen en la cuestión salarial?
-No. La que es chofer tiene un 35% de porcentaje de la recaudación. Con cada suba de tarifa gana, como gana el titular. No hay una discusión salarial porque ambas partes ganan conjuntamente.

-¿Qué otro tipo de representación ejercen?  
-Hay mucha contención. A veces personal, porque las colegas son amigas. Compartimos nacimientos, cumpleaños, bautismos, comuniones, hemos visto crecer hijos. También cuidarnos al salir a la calle, porque la inseguridad está las 24 horas. Estamos protegidas entre nosotras y estamos siempre para ayudarnos, tanto en un problema que impide trabajar, algo que no se pudo pagar o si se necesitan remedios. Bueno, hay muchas situaciones que la mujer tiene que afrontar, tanto en la calle como en su casa, donde atiende su familia... La mayoría son mujeres solas y crían solas a su hijo solas. 

-Ese reparto de tareas domésticas, como las responsabilidades de crianza, no siempre es igualitario. Suele recaer en la mujer, no siempre en el hombre.
-Sí. En nuestro caso tenemos que hacer todo, de padre, de hijo, de hermano, porque la mayoría somos mujeres solas.

-Como mujeres, ¿se perciben más vulnerables en esas circunstancias?
-No. No. Pero el machismo está en algunos sectores de la sociedad y por ahí al hombre le molesta que hagas el mismo trabajo o que lo hagas mejor que él. Entonces ahí vienen problemas, discusiones o enfrentamientos, te tiran el auto encima, te encierran… También llevarlo al mecánico y el trato con él. Y tenemos que afrontar todo eso nosotras, las que somos dueñas y las que son choferes. 

-¿Cómo es la relación entre las choferes y las titulares?
-Bien. Hay que tratar bien y cuidar a la persona que hace el trabajo. La que trae el dinero, la que cuida el auto. Hay buena relación. No hay problemas. 

-¿Cómo es la relación con gremios afines? Pienso, sobre todo, en el sindicato de peones de taxi. 
-Bien. Nos respetan mucho. Bueno, será que tengo tantos años acá que ya nos conocemos... He participado en muchísimas reuniones, siempre con hombres. Pero llegó un momento que dije “hacemos la nuestra solas”. Porque nuestro principal problema al salir a la calle era poder trabajar tranquilas. La lucha ha sido favorable. Hemos conseguido lo que buscábamos.

-Imagino que una parte de esa búsqueda tuvo que ver con la visibilización, que se reconozca que hay mujeres que manejan profesionalmente.
-Totalmente. Hicimos un encuentro nacional de mujeres taxistas y remiseras en Río Cuarto. Desde otras provincias vinieron a copiarle a Córdoba las herramientas que usamos para visibilizar nuestra actividad. Nosotras hemos conseguido cupo femenino para el próximo sorteo de licencias que va a hacer la Municipalidad. También articulamos acciones por la violencia de género.

-¿Notan más violencia en la calle últimamente? 
-Sí. Mucha violencia. Generalmente la gente que maneja, ¿no? Hay como un conjunto: económico, emocional, pospandemia y todo un tema.

-¿Cómo impactó la pandemia en su economía? 
Hacíamos uno o dos viajes por día. Con eso teníamos que comer, mantener el auto y seguir viviendo. Si un día trabajabas bien, hacías cinco viajes. Y a nosotros se nos fueron 70 colegas, entre taxistas y remiseros, por el Covid. 

-¿Cómo afrontan la crisis económica? 
-Nos apalea bastante Estamos todo el tiempo a los rasguñones. Tenemos repuestos caros, servicios caros, el gas caro... La plata ya no vale. Cada vez trabajás más horas y la plata te alcanza menos. 

-¿Cuantas horas pasan, en promedio, arriba el auto?
-Entre 12 y 15 horas.

-¿Cómo repercute eso en su ánimo? 
-
Y tenemos un tipo de vida distinto, porque estás preso, cautivo de tu trabajo. A muchos sectores les pasa lo mismo. Sobre todo los independientes.

-Todo esto ocurre mientras crece y toma fuerza la corriente feminista. ¿Se identifican con ella ¿Se sienten vinculadas de algún modo?
-No. Para nada. Nosotros buscamos la igualdad de condiciones, que todo nuestro aspecto laboral sea con condiciones igualitarias. No tenemos ninguna bandera feminista por el hecho de ser mujeres. Queremos trabajar igual que un hombre, ganar igual que un hombre y hacer el mismo trabajo que el hombre.

-Con la irrupción de las plataformas se ha fortalecido la oferta de de profesiones definidas como independientes. Hay un discurso basado en el manejo propio del tiempo, en ser el propio jefe, etc. El mejor ejemplo lo constituye Uber, cuya avanzada han vivido de cerca. 
-Estamos en esa lucha. Es una lucha constante porque el servicio ilegal está latente todo el tiempo, paralelo a nuestro servicio. Esa es una de las problemáticas que tenemos ante la Municipalidad, que reclamamos todos los días, que por favor controlen más, que se cierren las remiserías truchas y por ende, que a Uber no lo dejen entrar acá en Córdoba. Ya hay una presentación en tribunales porque no queremos que Uber funcione de esa manera. Nosotras repudiamos el accionar que tienen. Si tenés una hija de 15 años no le vas a permitir que la levante cualquier auto a las 4 o 5 de la mañana. Como madre una está con todos los cuidados para que la lleven o la traigan. Nosotras estamos para que la gente llame un auto de confianza. No queremos autos particulares que hagan lo mismo que nosotros.

-Justamente se habla de una uberización de la economía. Muchas de las plataformas, por ejemplo las de delivery, niegan derechos a los trabajadores. Sin embargo, hay quienes impulsan una reforma laboral aún más profunda. ¿Les preocupa la evolución del trabajo? 
-Totalmente. Sí. La precarización laboral es terrible en todos los ámbitos. En el nuestro nomás, que hablamos de Uber. Y Uber está pensado para quien tiene un trabajo. Un señor, que ya tiene un trabajo, tiene un auto en el garaje y sale a dar una vuelta, a buscar unos viajes en su tiempo libre. El tema es que esa persona no necesita trabajar. No es un problema de trabajo. Que venga y maneje un taxi si tiene un problema laboral, porque necesitamos choferes. Pero no. Quieren en su tiempo de libre poner el auto y sacarme el viaje. Y yo le echo la culpa a este gobierno que tenemos que no se anima a hacer lo que debe.

-¿Ideológicamente, se siente cercana a algún referente o partido político?
-No, no. Para nada. Menos aún con los que hay ahora.

-¿Discuten sobre política y acciones de gobierno en la asociación? 
-Solamente cuestionamos lo mal que se hacen las cosas. Creemos que, para muchas decisiones, podrían llamarnos a los trabajadores que estamos en la calle. Por ejemplo, nos llamaron para informarnos sobre la prolongación del cantero en el boulevard Chacabuco. Nos preguntaron, pero terminaron haciendo lo que ellos quisieron. Y hoy es un gran problema el tráfico en el centro. Como no podemos trabajar en el centro, casi ni queremos aparecer por ahí. Si escucharan a los que estamos en la calle podrían tener mejores ideas.