Desde hace meses el Río Paraná y su sequía ocupan espacio creciente. La severa bajante afecta a las provincias de Misiones, Corrientes, Formosa, Chaco, Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires”

Ayer pudimos ver cómo, desde el espacio, los satélites nos muestran el otrora caudaloso y ancho río, transformado en hilo de agua.

El pasado fin de semana, el gobierno nacional llamó a siete provincias a disminuir drásticamente el consumo de agua e, incluso, a almacenar agua de lluvia para la bebida.

Lo cierto es que se prevé la continuidad del fenómeno, pero los especialistas no se ponen de acuerdo sobre la magnitud que finalmente alcanzará.

En Mirá Quién HablaJuan Borús, Director de alertas hidrológicas del Instituto Nacional del Agua brindó un panorama de los alcances del fenómeno y de los principales impactos.

El especialista señaló que si bien la sequía esta “evolucionado dentro de lo previsto” cuando en marzo se estableció el patrón de comportamiento hídrico: “la sequía no tiene vuelta atrás”.  Señaló que lo más dramático es que “no vemos exactamente la salida, cuando va a terminar. Con lo que hasta aquí se manifestó vamos a continuar todo el invierno y toda la primavera en una situación de aguas bajas muy persistentes”.

Todavía no se alcanzó el piso en el Paraná inferior, que será un mínimo en niveles higrométricos iguales o aún inferiores a los de la sequía de 1944. 

El problema, enfatizó Borús por la FM 102.3, es prever lo que ocurrirá a mediano plazo. “Estamos viendo para más allá, finales de primavera, principios del verano, para intentar establecer cómo será el año próximo. Lo más probable es que sigamos con lluvias muy por debajo de lo normal.

Pero lo más importante es que no pueden hacerse comparaciones lineales. No parece pertinente establecer comparaciones mecánicas porque desde el último episodio importante, el de 1969,  “son más de 50 años que han pasado y en el intervalo la cuenca del Plata en general y la del Paraná en particular, y muy especialmente la zona en la que se gesta el río, han cambiado muy significativamente”. 

Juan Borús, Director De Alertas Hidrológicas Del Instituto Nacional Del Agua. by cba24n.com.ar

Borús atribuye a las intervenciones antrópicas la mayor responsabilidad: “Cambió el uso del suelo, cambio la manera en la que el río está definido. En el caso del Paraná son 50 años de descarga de sedimentos del Bermejo; los procesos de erosión y deposición que se producen en los eventos extremos, como la creciente del 98 o las bajantes recientes (la de 2009 y la de este año), hacen que el río tenga una morfología cambiada y una dinámica que genera incertidumbre respecto a como se comportará el río”. 

Este cambio de dinámica es lo que imposibilita hacer pronósticos sobre la recuperación de la cuenca y el fin de la sequía.

Principales impactos

Consultado sobre cuáles son los principales impactos que está provocando la sequía, Borús apuntó dos cuestiones principales.
“El número uno desde el principio de la sequía en marzo pasado está orientado a la provisión de agua potable en las ciudades ribereñas”. Entre las medidas adoptadas reseñó que “además de la adaptación de las tomas de agua que es imperioso terminar, está el problema de la educación, de la toma de conciencia por parte de la gente de lo que significa la escasez del recurso y lo costoso que es tomar el agua del río”.

El segundo impactó es el que se provoca en la navegación. Al respecto el experto señaló que “Argentina tiene concentrada fuertemente el comercio exterior sobre el río Paraná y una situación como esta hace que haya costos.