Guaidó, titular de un Parlamento declarado en “desacatado”, tensó la cuerda con aval de EEUU y Argentina. También se pide otra salida.

Nadie niega, a esta altura, la responsabilidad en la crisis económica, política y social de la gestión de Gobierno en tierras venezolanas.

La hiperinflación hace el día a día tan difícil desde hace unos años que, fundamentalmente en los sectores jóvenes, el país sufre una severa inmigración buscando destinos más amenos.

También juega su papel, claro está, el consecuente bloqueo económico-financiero, que encabeza Estados Unidos y suma aliados a nivel mundial.

Las víctimas en las protestas de las últimas horas no marcan buenos augurios.

Que Nicolás Maduro haga uso y abuso del poder tampoco es novedad y los casos de dirigentes opositores encarcelados lo certifican, pese a un sistemático llamado al diálogo al resto de los espacios de parte del presidente que nunca encontró eco.

La asunción de su segundo mandato, producida el 10 de enero pasado, fue el desencadenante de un embate mundial sin precedentes. La “falta de transparencia” de los comicios de mayo pasado, donde Maduro ganó con holgura, es el argumento central para avalar una autoproclamación presidencial interina.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos había anticipado que la cuestión había tomado “nuevas dimensiones".

La “política interna” es una situación a resolver puertas adentro, aunque tenga condicionantes desde afuera.

Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional, que desde 2015 cuenta con mayoría opositora (incluido los dos tercios para realizar reformas constitucionales), hizo su autojuramento. Pero el Tribuno Superior de Justicia de Venezuela la declaró “en desacato”, en medio de un conflicto por un núcleo de bancas, que definen la titularidad del órgano legislativo.

La grieta está ampliamente marcada. No hay registros de casos para avalar que en el país se pueda “vivir bien” con los índices actuales. Aunque en las urnas, el aval al chavismo sostiene alrededor de seis millones de votantes.

Los ojos del mundo

Detrás de Estados Unidos, este martes se fueron agrupando naciones, entre ellas Argentina y Brasil, celebrando la aparición de Guaidó.

En el sector opuesto, Bolivia encabezó la defensa de los sufragios para el mandato actual, con Rusia, Cuba y Turquía como escudos.

Desde hace un tiempo que la Organización de Naciones Unidas tiene la mirada puesta allí, intentando mediar por una solución “política".

La “salida democrática” surge en medio del conflicto, reconociendo el mal momento y tratando de evitar tensar la cuerda de una frágil estabilidad social.

Los casos de México, Uruguay, España y Portugal se unieron bregando por un trabajo conjunto “en favor de la estabilidad, el bienestar y la paz del pueblo venezolano”.

La Unión Europea, pese a su lejanía a Maduro, avisó su desconocimiento del flamante autoproclamado mandatario, aunque sostiene su preocupación por el futuro del país.

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