La vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner volvió a la actividad pública tras el intento de magnicidio en su contra el 1º de septiembre. Fue en el Senado, en un encuentro con los Curas en Opción por los Pobres, los curas villeros y hermanas religiosas y laicas. "Estoy viva gracias a Dios y a la Virgen", soltó Cristina.

Ampliar contenido
Tweet de Cristina Kirchner

Antes de eso los curas mostraron una bandera con la frase "No odien" y hubo tres discursos. Uno de ellos la hizo emocionar: el de Ana María Donato, laica de la Compañía de Aprendices de Jesús. "Cuidate, cuidate, cuidate", termino diciéndole la mujer, referenta comunitaria de la zona de Rafael Calzada, en el sur del conurbano bonaerense.

Entrevista a Ana María Donato en Nada del Otro Mundo by cba24n.com.ar

"Fue un bellísimo encuentro en el que pudimos expresarnos", aseguró Donato en declaraciones a Nada del Otro Mundo, de FM 102.3.

Al final de la alocución de Donato, la vicepresidenta se levantó de su silla y la abrazó. "Estábamos todos emocionados, pero nosotras dos con mucha fuerza y nos levantamos y nos encontramos en ese abrazo. Fue un abrazo de mujeres", graficó la referenta religiosa.

"Quería decirle a Cristina algo más desde el corazón, de mujer a mujer, solidarizándonos con ella en este momento difícil que atravesó", expresó.

Donato reveló que "de la realidad se habló poco", aunque subrayó que uno de los curas le preguntó por el escenario social que vive el país y destacó la apelación de la vicepresidenta al libro de actas del Congreso, cuando leyó los discursos de legisladores en la sesión posterior al intento de asesinato contra Hipólito Yrigoyen en 1929.

Sobre el intento de magnicidio contra Cristina, Donato manifestó que "todos en el país estamos muy preocupados". "La preocupación de este hecho, que es con ella, no es solo por ella. Este es un hecho social. Pero Cristina es la que pone el cuerpo", completó.

La religiosa consignó que el encuentro, que terminó con un rezo y bendiciones de los curas presentes, "fue una experiencia de fe compartida". Fue una postal que certificó la intención de la vicepresidenta de recostarse sobre su costado católico como primera salida pública tras lo sucedido frente a su casa en el barrio porteño de Recoleta.