En principio, creo que los años 60 en la Argentina no terminaron cuando lo indicó el calendario sino el 19 de mayo de 1972, cuando un tren mató a un muchacho morocho de 26 años al que llamaban Tanguito. De ese fatídico día se cumplen ahora 50 años.

Resulta poco menos que sorprendente que en un país como el nuestro, donde la memoria es tan corta que parecería que nos olvidamos qué pensaban Jorge Lanata, Luis Majul y el Lagarto Guizzardi cuando eran jóvenes, sea motivo de un interés periodístico cuándo y cómo, hace medio siglo, fue triturada la humilde humanidad de un joven que, a fin de cuentas, sólo había demostrado carisma y talento para cantar y tocar la guitarra. Y que había brillado poquísimo tiempo: los hechos más trascendentes de su vida artística, que fueron finalmente los que lo hicieron trascender y perdurar, tuvieron lugar en el lapso de menos de un año y medio. Entre diciembre de 1966 y abril de 1968, Tanguito compuso “La balsa” con Litto Nebbia, vio cómo ese tema fue grabado y poco después se convirtió en un éxito de proporciones, ganó un buen dinero como autor, protagonizó la irrupción de los hippies en Buenos Aires, actuó en la televisión y consiguió publicar un disco –simple, no long play- como solista y con una producción cierta por única vez en su vida.

El resto es una leyenda.

Recientemente me preguntaron en una entrevista:

-¿Qué significa Tanguito para las nuevas generaciones?

Contesté:

-El tipo de una película que vimos cuando éramos chicos. Sólo para unos pocos es alguien más.

Pienso exactamente eso.

La película “Tango Feroz” fue un megaéxito del cine nacional en 1993. Por eso, para mucha gente Tanguito es un rocker angustiado que tiene el rostro de Fernán Mirás, que se enamoró de Cecilia Dopazo y que, poco antes de ser arrollado por un tren, se hizo amigo de Imanol Arias en un neuropsiquiátrico donde había buscado energía dibujando un mandala.

Y eso, cómo no decirlo, no es justo para el enigmático morochito de Caseros que inspiró al personaje del film, y mucho menos para la hermosa leyenda que Buenos Aires construyó alrededor de su figura pequeña y que mantuvo durante años y años, creciendo en el boca a boca hasta que fuese descubierta por un realizador cinematográfico.

En ese punto hay una pregunta sin respuesta.

Por qué se instaló tan firmemente la figura de Tanguito en el inconciente colectivo de un país, es un misterio difícil de explicar.

Cómo quedó tanto de tan poco.

Tanguito nació como José Alberto Iglesias el 16 de setiembre de 1945 en San Martín, provincia de Buenos Aires, hijo de José Iglesias, vendedor ambulante de artículos de mercería en las ferias de Caseros y Santos Lugares, y Juana Correa, empleada doméstica y ama de casa. Tuvo una sola hermana, Carmen, cinco años menor que él.

Sus amigos del barrio habían empezado a decirle Tanguito porque bailaba muy bien el rock’n’roll, y eso disparaba la broma: “Bailate algo, Tanguito”. Foto: gentileza Víctor Pintos
Sus amigos del barrio habían empezado a decirle Tanguito porque bailaba muy bien el rock’n’roll, y eso disparaba la broma: “Bailate algo, Tanguito”. Foto: gentileza Víctor Pintos

Cuando tenía 9 años, su familia se mudó a la casa de Bahía Blanca casi Puán, en Caseros, de donde nunca se mudaría y en la que continuó viviendo Juana, su mamá. Terminó el primario en 1958 y no llegó a la escuela secundaria: se inscribió pero no fue ni una vez. A los 14 años se inscribió en la Escuela de Jardinería que funciona en el Jardín Botánico de la Capital pero abandonó pronto, a los dos meses de iniciadas las clases, y ya con numerosas faltas.

A mediados de 1963, Los Dukes de Mataderos se quedaron sin cantante, por lo cual el líder del grupo beat, el saxofonista Omar Pulcini, publicó un aviso clasificado pidiendo un reemplazo. Así, José Alberto Iglesias se enteró de la ocasión, y como su verdadero sueño de adolescente era ser artista y no jardinero, se presentó a la prueba y, superando a otros candidatos, consiguió el puesto.

Por entonces, sus amigos del barrio habían empezado a decirle Tanguito porque bailaba muy bien el rock’n’roll, y eso disparaba la broma: “Bailate algo, Tanguito”.

En medio de una intensa actividad con actuaciones en clubes de barrio, en las que llegó a compartir programaciones con Sandro y Los de Fuego, Los Pick Ups, Los Bobby Cats –conjunto en el que cantaba Giuliano Canterini, Billy Bond- y Los Jets, entre varios más, Tanguito debutó discográficamente como voz líder de Los Dukes en la primavera de 1963, con 18 años, grabando un tema de Palito Ortega y Dino Ramos, “Decí por qué no querés”, y uno propio (aunque firmado por todo el grupo), “Mi Pancha”. En el verano de 1964 apareció otro simple grabado por Tanguito con Los Dukes.

Promediando el otoño de ese año, Tanguito se entusiasmó con una posibilidad de grabar como solista, a partir de un contacto que un nuevo amigo suyo, Horacio Martínez, había logrado en el sello RCA Victor, y dejó el grupo: su lugar lo ocupó un joven intérprete de Mataderos, Carlos Javier Beltrán, que conseguiría un cierto éxito como solista años después.

Tanguito no llegó a grabar en ese momento en la RCA con el nombre artístico que ya había escogido, Ramsés VII, pero su amistad con Martínez lo llevó a un lugar en el que comenzaba a cocinarse la música que después se llamaría rock nacional: La Cueva de Pueyrredón.

Originalmente llamado La Cueva de Pasarotus, el sótano de Pueyrredón 1723, casi Juncal, albergaba en el invierno de 1964 a un buen número de músicos de jazz que empezaba a mezclarse con jóvenes de menor edad que traían otra música en sus oídos: el rock.

Desde ese momento y hasta el cierre del local, en 1967, Tanguito compartió muchas noches con personajes como Moris, Javier Martínez, Alejandro Medina, Pipo Lernoud, Sandro, Billy Bond, Litto Nebbia, Miguel Abuelo, Horacio Martínez, Charly Camino, Carlos Mellino. También con Los Gatos, el grupo de rosarinos que lideraban Litto Nebbia y Ciro Fogliatta.

En diciembre de 1966, con algunos músicos que frecuentaban La Cueva como Moris y Los Seasons (el grupo de Alejandro Medina y Carlos Mellino), más otros como Bob Vincent y Susana, Tanguito participó en una serie de conciertos titulados “Aquí, allá y en todas partes”, impulsado por el periodista y poeta Miguel Grinberg, que tuvo lugar en el Teatro de La Fábula de Agüero al 400, en el Abasto. En ese espectáculo, Tanguito cantó, en un inglés aprendido por fonética, dos clásicos del primer repertorio de Elvis Presley, “Tutti Frutti” y “Perro Feroz”. Aquí podría ubicarse el comienzo de la etapa más feliz de su vida relacionada con la música.

El bar La Perla de Once, ubicado en Jujuy y Rivadavia, frente a la Plaza Miserere, era el lugar donde el grupo de amigos de La Cueva terminaba sus noches de naufragio. Allí, poco después de aquellos conciertos del Teatro de la Fábula, Tanguito comenzó la composición de “La balsa”, tarea que completó Litto Nebbia.

La placa en La Perla del Once. Foto: Telam
La placa en La Perla del Once. Foto: Telam

El 19 de junio de 1967, Los Gatos, el grupo que venía siendo número fijo en La Cueva, grabaron esa canción en una sesión de prueba con el sello RCA. El 3 de julio, el sello Vik, subsidiario de RCA, publicó el primer simple de Los Gatos con “La balsa” y “Ayer nomás”. Tres semanas después –qué paradoja- se cerró La Cueva, que venía siendo víctima de un despiadado acoso policial, con allanamientos cotidianos.

El 21 de setiembre de ese año 67, por iniciativa de Pipo Lernoud, se concretó la presentación formal de los hippies en Buenos Aires, en una reunión celebrada en Plaza San Martín. En rigor, se trató de un intento de “oficializar” de alguna forma la existencia de los pelos largos, para detener la persecución de que ya eran objeto los jóvenes que lo usaban. Según recuerdan quienes estuvieron allí, esa tarde Tanguito cantó en el centro de una ronda.

Algunos medios periodísticos, interesados por la colorida novedad, se dieron por enterados de la existencia de los melenudos porteños y el programa “Sábados Circulares” que conducía Nicolás Mancera, invitó a los hippies al estudio de Canal 13. Así Tanguito llegó a la TV: esa tarde cantó varios temas. Entre ellos, “La balsa”.

El 9 de enero de 1968, la revista Así publicó un reportaje a Tanguito. Fue la única vez que un medio reparó en él en forma personal.

José Alberto Iglesias no parecería ser el nombre más apropiado para un hippie. Pero tampoco le importa mucho. Porque salvo en la cédula de identidad, irremediablemente advertida en cualquier lado, o en el ya frondoso prontuario policial, no figura prácticamente en ninguna parte.

Se lo conoce como Tango, o más cariñosamente, Tanguito. Pero a él no le gusta y ha buscado un nombre con reminiscencias de momias y sabor a pirámides: Ramsés.

¿Cómo se lo podría definir? Tal vez como cantante, seguramente como compositor, algunos opinan que como poeta. Se trata de uno de los primeros y genuinos hippies o náufragos que, hace años, en varios grupos, y ahora casi masivamente, vienen ocupando un lugar de privilegio en la polémica ciudadana.

(...) Es un muchacho de 22 años, soñador y pálido, que compone canciones y las canta, y a quien es posible ver entre despreocupado y muy preocupado, con su larga cabellera y su guitarra al hombro por cualquier calle de la ciudad. La gran ciudad, reconozcámoslo, que se está acostumbrando ya a su desopilando presencia.

El 18 de enero de 1968, cuando “La balsa” era la canción más difundida y exitosa del verano –el primer simple llegó a vender 250 mil copias en pocos meses-, Tanguito grabó dos temas propios en los estudios RCA, acompañado por la orquesta de Horacio Malvicino. Esos registros (“La princesa dorada”, escrito en colaboración con Pipo Lernoud, y “El hombre restante”, coautoría con Javier Martínez) fueron los únicos que hizo profesionalmente como solista. El 4 de abril, el sello RCA Victor editó el simple de Ramsés VII con esos dos temas. Pero sin apoyo de difusión de la compañía, y sin interés visible de su responsable para que se conociese suficientemente, la edición tuvo poco vuelo y fue un fracaso. Ese es el final de sus días buenos.

A mediados de 1968, entabló contacto con las jeringas y las anfetaminas inyectables. Hasta ese momento sólo había probado pastillas para no dormir y ocasionalmente marihuana.

A esa altura de su vida había cambiado sus amistades. Si bien mantenía cierto contacto con sus viejos compañeros de La Cueva, las  relaciones más estrechas las mantenía con gente que había conocido en el divague en las plazas y los bares.

Fue entonces como, con los brazos perforados por tantos pinchazos y ya sin brillo en sus ojos, grabó algunas canciones entre 1969 y 1970, en los estudios TNT donde Manal, Moris y Vox Dei, entre otros, estaban registrando sus primeros trabajos para el sello Mandioca conducido por Jorge Álvarez, Pedro Pujó, Rafael López Sánchez y Javier Arroyuelo. Tanguito era parte del staff artístico del sello, pero solo en forma tácita.

Esas grabaciones fueran hechas sin mayor cuidado: en ellas se acompañó con su guitarra, al parecer para dejar bocetos que permitieran poner en marcha alguna producción seria. Pero ese trabajo elaborado nunca se podría hacer.

En verdad, Mandioca llegó a publicarle una canción de aquellas que grabó en TNT, “Natural”, probablemente la más lograda en cuanto a la interpretación, que fue incluida en el compilado “Pidamos peras a Mandioca” que salió a la venta a fines de la primavera de 1970. Este LP también presentó temas como “Elena” de Manal, “Muchacho” de Moris y “Nunca lo sabrás” de Pappo, entre otros.

Poco significó para Tanguito aquella inclusión en el disco. El vagabundeo y las detenciones fueron cada vez más continuos.

La persecución policial fue despiadada con él, y por eso muchas veces sus huesos fueron a dar a la cárcel de Devoto: lo acusaban de contravenir edictos policiales como los de ebriedad, mendicidad, vagancia y disturbios en la vía pública.

Después de una de esas numerosas detenciones, en febrero de 1971 llegó a ser presentado por la división Seguridad Personal de la Policía Federal como “cabecilla de una banda de narcotraficantes”.

En aquellos días comenzó una serie de reclusiones que se transformarían en periódicas, en la Unidad Penitenciaria del Hospital Borda, donde se había puesto en marcha un servicio de atención (sumamente precario) a los drogadictos.

Luego de unos meses tras las rejas, en los que fue sometido a tratamientos con electroshocks y shocks insulínicos que intentaban cortar de cuajo el síndrome de abstinencia a las anfetaminas que lo jaqueaba, en mayo de 1972 fue trasladado a la Unidad 13 del mismo centro asistencial, destinada a la internación de los enfermos mentales.

De aquel siniestro lugar, se escapó una madrugada. Unas horas después de la fuga, a las 10:50 de ese 19 de mayo de 1972, murió bajo las ruedas del tren del Ferrocarril San Martín, entre las calles J. F. Segura y De María, pocas cuadras antes del Puente Pacífico y de la estación Palermo. Era el tren que podría haberlo llevado de regreso a su casa en Caseros.

Ningún diario publicó la noticia de su muerte.

En 1973, el sello Talent conducido por Jorge Alvarez, virtual heredero del pionero Mandioca, lanzó el álbum “Tango” con las desprolijas grabaciones que había hecho en TNT.

En 1987, el cineasta Marcelo Piñeyro se interesó en la leyenda que se había construido alrededor de Tanguito para filmar su ópera prima, y luego de marchas y contramarchas por falta de presupuestos y de apoyos –Litto Nebbia le dio la espalda y no autorizó la inclusión de “La balsa”-, en el comienzo de 1993 consiguió hacer su película debut, “Tango Feroz”.

Por entonces, junto a otros discos históricos del rock nacional como “30 minutos de vida” de Moris, “Desatormentándonos” de Pescado Rabioso” de Pescado Rabioso y “Películas” de La Máquina de Hacer Pájaros, apareció “Tango” en compact disc. La tirada inicial de dos mil ejemplares se agotó de inmediato.

“Tango Feroz” se estrenó en el invierno de 1993 y fue un éxito. El hit del film fue el tema El amor es más fuerte, que se compuso especialmente para la película. Aún hoy muchos creen que ése fue un tema de Tanguito pero no lo es.

Simultáneamente con la aparición de “Tango Feroz”, fue editado el libro “Tanguito - La verdadera historia”!, que había servido de base documental para esa obra, y también fue un suceso. Llegó a estar entre los best sellers de Latinoamérica.

Juana, la madre de Tanguito, con la primera edición del libro escrito por Víctor Pintos. Editorial Planeta lanza este año a tercera edición.
Juana, la madre de Tanguito, con la primera edición del libro escrito por Víctor Pintos. Editorial Planeta lanza este año a tercera edición.

En 2006, a propósito del 40º aniversario de las primeras canciones de rock argentino, el Correo Argentino emitió una serie de estampillas con las imágenes de cuatro rockeros ya fallecidos que representan el espíritu del género: Pappo, Luca Prodan, Miguel Abuelo y Tanguito.

En el comienzo de 2007, uno de los canales culturales de la TV argentina, canal á, emitió una serie documental que relataba la historia del rock nacional. Este relato terminó con una serie de imágenes de las más importantes figuras y bandas de ese género de todos los tiempos, de Litto Nebbia a Los Piojos, pasando por Los Redonditos de Ricota, Soda Stereo, Fito Páez, Charly García, Luis Alberto Spinetta, León Gieco, Sumo y La Renga, mientras se escuchaba una canción de Tanguito. Aquella que decía que hay un amor de primavera que anda dando vueltas.

En 2009 se publicó “Yo soy Ramsés”, otro disco con grabaciones suyas, que apareció con data difusa, ciertamente en sintonía con su figura de leyenda: en un primer momento se dijo que había sido grabado informalmente en un estudio de grabación, pero en realidad lo que presentaba era el registro de una prueba que dio –y aprobó en primera instancia- en RCA Victor en 1967. Esto había quedado en una cinta que a mediados de los 90 fue sustraída del archivo del sello.

Las tres ediciones del libro "Tanguito", de Víctor Pintos.
Las tres ediciones del libro "Tanguito", de Víctor Pintos.

*Víctor Pintos, bonaerense nacido en Olavarría en 1958, residente en la Capital Federal durante algo más de dos décadas e instalado en Córdoba desde hace 12 años, es periodista especializado en música popular desde hace 46 años. Es el autor del libro Tanguito – La verdadera historia que se publicó en 1993 y que fue base documental del film Tango Feroz. Ese mismo libro, que tuvo una edición independiente en 2013 bajo el nombre de Tanguito y los primeros años del rock argentino, acaba de ser reeditado con distribución mundial por la misma empresa que lo presentó por primera vez, Editorial Planeta)