Mientras no escatima contactos con nadie, el intendente de Córdoba, Martín Llaryora, camina a pie firme para consolidar su candidatura a gobernador.

Persiste el entusiasmo en el entorno del jefe del Palacio 6 de Julio por el aval a la gestión que le dan los cordobeses capitalinos.

Los llaryoristas tienen pegados como si fueran afiches de campaña algunos datos que surgen de una encuesta de la consultora Delfos (Luis Dal’Aglio), que indican que el ex vicegobernador es el intendiente mejor valorado por la sociedad desde la recuperación de la democracia hasta la actualidad.

Los números son significativos: la gestión de Llaryora recibe 49 por ciento de respaldo, contra el 42 por ciento del fallecido Rubén Martí. Luego vienen Luis Juez (35%), Ramón Mestre con el 21% a dos años de su primera administración, Daniel Giacomino (10%) y finalmente Germán Kammerath –hoy preso– con un paupérrimo 2%.

Por la postulación que José Manuel de la Sota hizo de Kammerath, al peronismo le llevó 18 años recuperar el sillón principal del municipio capitalino.

No figuran los datos de la gestión de Ramón Mestre padre porque seguramente no existen registros de esa época.

El estudio comparativo fue realizado en marzo pasado dentro del marco de una encuesta mucho más amplia, pero el llaryorismo puro lo exhibe inflando el pecho.

Por lo demás, Llaryora sigue explorando la realidad del interior provincial, sigue sumando aliados como el intendente de Río Cuarto Juan Manuel Llamosas y ya se habla de una eventual fórmula para 2023. Sin embargo, desde el entorno del principal elector del peronismo, el gobernador Juan Schiaretti, piden calma y no apresurarse.

Arenas movedizas

Donde precisamente no gobierna la calma es en el radicalismo, cruzado hoy por una fuerte diferencia interna entre los sectores tradicionales del partido y un sector de intendentes, que promete darle continuidad en el tiempo a su airado reclamo, iniciado hace un tiempo con perfil bajo y hecho cada vez más público en la previa del clásico encuentro de Villa Giardino.

Los intendentes –la mayoría emergentes– exigen más espacio, lo cual puede y debe traducirse en lugares expectables en las listas de candidatos de 2023, léase la postulación a vicegobernador y a legisladores provinciales.

Las caras visibles de ese grupo de intendentes son Myrian Prunotto (Juárez Celman), Carlos Briner (Bell Ville) y Gustavo Benedetti (Bell Ville).

El pataleo es cada vez más contundente y notorio y eso llevó hace un par de semanas a Oscar Aguad a acusar a Schiaretti de “meter la cola” en el encuentro de Villa Giardino con el objeto de dividir al radicalismo y ponerle palos en la rueda al tándem Juez-De Loredo, que viene de lograr un resonante triunfo en las urnas del año pasado.

Lo cierto es que un sector del radicalismo no termina de digerir la alianza con el juecista Frente Cívico porque teme que si el senador nacional es gobernador coloque al radicalismo en el módico lugar de furgón de cola. “Ya nos pasó con Macri a nivel nacional y no queremos que la historia se repita si ganamos la elección de 2023 porque primero tenemos que darnos cuenta que estamos muy cerca de ganar”, razonó un dirigente con muchos años de militancia en el radicalismo.

Todo está por verse, y en muchos caso descubrirse.