El presidente de la Nación buscaba un rotundo apoyo del arco político, los sindicatos y los empresarios.

El jueves 16 de abril de 1987 el presidente Raúl Alfonsín se dirigió al país desde el Congreso de la Nación para expresar la postura del gobierno frente al levantamiento carapintada.

Eran horas de incertidumbre: no se sabía hasta dónde estaban dispuestos a llegar los militares atrincherados y tampoco se sabía que harían los manifestantes que se acercaban a los cuarteles en repudio a la sublevación.

Alfonsín habló rodeado de lo más representativo de la dirigencia política, empresaria y sindical. Procuraba acumular aliados desde una posición de fuerza; pero del otro lado estaban las armas.

Advirtió en esa asamblea legislativa que el grupo carapintada quería “imponer por esta vía (el levantamiento) al poder constitucional una legislación que consagre la impunidad de quienes se hallan condenados o procesados en conexión con violaciones a los derechos humanos cometidos durante la pasada dictadura”.

En medio del tira y afloje entre las fuerzas democráticas y la casi totalidad de las Fuerzas Armadas en rebeldía, finalmente el Partido Justicialista, la UceDé, el PDC, el PI, el PS y el PC firmaron el “Acta de Compromiso Democrático”. Allí dejaron en claro su oposición a la rebelión, reconociendo también los grados de responsabilidad en la represión militar que habían sido anunciados por el propio Alfonsín en la campaña electoral del ‘83.

Edición periodística:
Jorge Navarro y Daniel Díaz

Edición documental:
Marcos Pedrosa

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