Por: Manolo Lafuente

Lejos del plagio de un titulazo televisivo de un filósofo impronunciable pero

muy necesario audible y visiblemente, a pesar de las dudas que puedan

plantearse ante su afición a algo tan (infra) pedestre como Bilardo, restaría

preguntarse si el título de estas líneas no está al revés, al menos por dos

hechos..

En esta Córdoba no creíble desde que a su río primero lo llamó Suquía ysegundo numeró primero, cada vez más cerca del Navarrazo que del

Cordobazo y de la Reforma, se detiene a dos ciudadanos chilenos culpables

de arte sospechoso, ignorando que esa es la condición sine qua non del arte,

y elevándolo a su suprema condición de culpable.

Sin embargo, o con él, la juricidad ramplona del asunto, dicta (y alguno

copiará) falta de mérito a lo Samoré por otro canal que no es el Beagle.

Mucho más lejos que el Londres catamarqueño que nos clavara la colonia

geográficamente en el continente, en el original, la injusticia universal

encarcela a Julian Assange ya que no puede hacer lo propio con la verdad.

Lo que si hace de veras es trastocar la Historia, ya que el que abre las

puertas a la cerrazón se llama Lenin y se hace llamar Moreno, vasallo

que desmiente la centralidad de Ecuador haciendo meridiana la geometría de

lo paralelo con la grasa de las capitales.

Celosa como es, Argentina (que excede a Córdoba) no quiso quedarse

atrás y decretó por necesidad sin urgencia, un paro para el primero de mayo

en el que los genuinos laburantes no sabrán que hacer con sus patrones

revelando una sumisión que antes no lo era porque la b era larga.

Invirtiendo el título, tal parece que lo que es verdad es la mentira.