El día que comenzó el juicio por la muerte del cuartetero Rodrigo Bueno, 200 policías rodearon el edificio de Tribunales de Quilmes. Había que contener a las fanáticas que rugían pidiendo castigo para el empresario informático Alfredo Pesquera, imputado por homicidio culposo. La primera audiencia fue el 31 de octubre de 2001. Desde entonces y hasta que terminó –un mes y medio después– el proceso oral se trasmitió casi por completo en los canales de televisión. Sólo era interrumpido por las placas con el índice del “riesgo país”, que crecía a la par del fervor post mortem del cantante.

El juicio fue tan televisado que la propia Beatriz Olave, madre del cantante, escuchó la sentencia en el estudio de un programa al que la había invitado. Fue el 18 de diciembre de 2001. Pesquera fue absuelto por el Tribunal Oral Criminal 2 de Quilmes y dejó el edificio en una camioneta de la policía a la que le llovieron piedrazos y botellazos. Un día después, los pormenores del caso y las hipótesis conspirativas sobre mafias en la movida de la bailanta cayeron en el olvido mediático, cuando comenzaron los saqueos y la protesta social que llevaron a la renuncia al presidente De la Rúa.

“Me quedó la sensación que el juicio tapaba mucho de lo que pasaba en el país. Todo estaba estallando y nosotros en el juicio”, recordó años  después el abogado de la familia, Miguel Ángel Arce Aggeo.

El fallo absolutorio se decidió por mayoría. Para los jueces Ariel González Eliçabe y Delia Margarita Allaza, la madrugada del 24 de junio de 2000 –hace 21 años–, en el accidente que terminó con la muerte de Rodrigo, del actor Fernando Olmedo y con las lesiones de otras tres personas, no hubo homicidio. Tan sólo un accidente con resultados trágicos, cuya “exclusiva responsabilidad” fue del propio cantante, conductor de la Ford Explorer roja con la que terminó a los tumbos en la autopista La Plata-Buenos Aires.

De acuerdo con el fallo, el cuartetero conducía con 0,55 gramos de alcohol en sangre y a una velocidad de 144 kilómetros por hora, que excede los 130 kilómetros permitidos en esa autovía.

El tercer camarista, Rubén Sánchez, se inclinó por el homicidio culposo. Se basó en varios testimonios que afirmaron que la camioneta Chevrolet Blazer blanca que conducía Pesquera hizo dos maniobras en las que encerró al Potro, en el marco de una especie de incidente de tránsito que protagonizaron ambos conductores. “Al día de hoy no sé porque lo absolvieron. A este muchacho Rodrigo lo mataron, está claro”, dijo el abogado de la familia en 2015 en una nota a Infojus Noticias. 

El juicio por la muerte de Rodrigo Bueno y el misterioso suicidio del único acusado

Del escenario al monolito

Un mes antes de morir, Rodrigo Bueno cumplió 27 años y estaba en el pico de su carrera. Los jóvenes se pintaban el pelo como él, sus canciones sonaban en todo el país, y venía de llenar 13 Luna Park. La noche del 23 de junio, el cantante participó en la grabación del programa la Biblia y el Calefón. Luego cantó en la bailanta “Escándalo”, en City Bel, La Plata. En ese lugar se encontró con Fernando Olmedo. De regreso, en el kilómetro 26, a la altura de Berazategui, se cruzó con la camioneta de Pesquera. Tras dar varios tumbos, su cuerpo salió eyectado del vehículo, no llevaba cinturón de seguridad, y quedó tendido en la ruta. La cantante, Gilda había corrido una suerte parecida.

Luego de su muerte, Rodrigo despertó en quienes lo escuchaban una suerte de devoción mística. El lugar donde murió se convirtió en referencia obligada para sus fans. A los días comenzó a llenarse de cartas, osos de peluche, discos, fotos, banderas y hasta botellas de cerveza. Como para llegar hasta la zona tenían que cruzar la peligrosa autopista, el municipio de Berazategui autorizaró la construcción de un monolito y una colectora para facilitar el acceso. En cada aniversario, cientos de fanáticos se congregan en el lugar.

El suicidio de Pesquera

El juicio por la muerte de Rodrigo no fue el último paso de Pesquera por tribunales, ni su última aparición mediática. Luego de ser absuelto por el accidente, estuvo involucrado en varias causas por estafa, hasta que en 2013 fue acusado por el crimen de su amigo, el empresario Miguel Angel Graffigna. Poco tiempo después, el 21 de diciembre del 2013, Pesquera apareció muerto en el asiento trasero de su camioneta BMW que se encontraba estacionada enfrente a la casa que había alquilado su novia, en el barrio porteño de Saavedra. Tenía un tiro en la cabeza. La Justicia determinó que el arma que utilizó fue la misma con la que habían asesinado a Graffigna.