Cinco emprendedores lograron crear una máquina que enfría bebidas en cuestión de segundos. Se trata de un proyecto que nació mientras tres de ellos eran estudiantes de Administración de Empresas y se consolidó con la ayuda de dos ingenieros electrónicos.

“Estábamos en la universidad y tuvimos que presentar un proyecto para una de las materias, donde había que plantear un modelo de negocio marcado por la innovación”, contó Santiago Schmidt, miembro del proyecto, a Infobae. Fue en ese entonces cuando nació la idea de enfriar bebidas en el menor tiempo posible.

Tiempo después se juntaron con dos ingenieros electrónicos que ya habían probado suerte con otros emprendimientos. No todos habían resultado demasiado bien hasta que se encontraron con esta propuesta, hoy llamada Chill It, que los atrajo.

"Empezamos por ver de qué se trataba el método, pensamos qué necesitábamos y así desarrollamos un primer prototipo, híper rudimentario para saber que el método era el adecuado, que funcionaba”, indicó Luciano Sismondi, otro de los miembros.

Al comienzo, tardaban entre 40 y 60 segundos en enfriar latas y botellas pequeñas. Con el paso del tiempo, fueron perfeccionando el mecanismo, investigaron sobre materiales más efectivos y redujeron esa duración a la mitad.  

 

Luciano Cismondi, Santiago Schmidt, Nicolás Kölliker Frers y Pablo Esteban Di Lorenzo, miembros de Chill It
Luciano Cismondi, Santiago Schmidt, Nicolás Kölliker Frers y Pablo Esteban Di Lorenzo, miembros de Chill It

"Fueron tres años de investigación, un año de desarrollo y hace un año que estamos en negociaciones”, recalcó Cismondi. En la actualidad, cuatro de ellos se encuentran en Sudáfrica gestionando cómo vender o licenciar la propiedad intelectual de la marca.

Cómo funciona

Los jóvenes idearon un modelo matemático basado en cómo se transfiere el calor de los distintos envases. Así, el proceso busca maximizar esa transferencia de calor para tardar lo menos posible. En segundos, las bebidas pasan de 25 a 3 grados.

El sistema, además, tiene redes neuronales que “combinan un subgrupo de redes, que se caracterizan por cómo se entrenan; la nuestra se llama realimentación por refuerzo, que hace que cuando se le introduce una lata, aplica el modelo que tiene y evalúa la salida”, explicó Cismondi. 

“Si se le pone una lata X al artefacto, y por tal motivo la máquina la sacó a 5 °C, lo que la convierte en fallida, reingresa el dato y lo corrige para en la próxima botella ingresada salir con esta observación”, aclaró el ingeniero.