Según el informe realizado por Consultora W a fines de 2020, el mayor impacto económico del Covid-19 se registró en la clase media baja (28% de la pirámide poblacional) y la baja superior (18,4%), dos segmentos que no contaron con el nivel de ayuda estatal que sí asistió a la clase más desfavorecida, la baja (31,6%; gráfico arriba). Si sumamos a esos dos niveles socioeconómicos (NSE) el acumulado es de 46,4%, mientras que si agregamos el casi 32% correspondiente a los NSE D2/E la sumatoria trepa al 78%. Ese guarismo nos da una idea de la vulnerabilidad social actual, que sugestivamente se ubica cerca del orden de magnitud de la proporción de argentinos que dicen estar endeudados según el monitoreo de redes sociales más reciente de consultora Taquión: 71,5% (gráfico abajo).

Dentro de los endeudados, existen matices: casi 23% dice que tiene deudas pero puede pagarlas a corto plazo, mientras que 18,2% estira la capacidad de pago a largo plazo. Por otro lado, 14,1% dice haberse endeudado para afrontar deudas anteriores, 12,5% dejó de pagar algunas por no afrontarlas y 4% dejó de pagar todas, lo que acumula un 30,6% de alta vulnerabilidad.

Este panorama se corresponde con una situación doméstica comprometida, en la cual la canasta básica alimentaria para una familia tipo alcanzó en octubre pasado $ 34.976, según la consultora Focus Market; esa cifra representa una suba intermensual de 2,97% y una interanual de 51,45%. Para más datos, la canasta básica alimentaria para una familia tipo está 9,3% por encima del salario mínimo de octubre ($ 32.000; gráfico arriba).

Para mirar el vaso medio lleno, el consumo durante octubre pasado registró una caída de 0,4%, lo que fue la menor retracción registrada en 2021 hasta ese momento. Así, el acumulado de los primeros 10 meses del año dejó un saldo negativo de 8,6%. Según el informe, el tercer trimestre arrojó una desaceleración de la caída del consumo en formatos de hasta 500 metros cuadrados junto con un crecimiento en grandes superficies comerciales y el canal mayorista. Para Damián Di Pace, responsable del estudio, la mejora relativa responde a los nuevos ajustes salariales obtenidos en paritarias, a lo que se sumó el incremento del salario mínimo vital y móvil y otros planes sociales con los que se busca revertir la caída del consumo. "Advertimos tres escenarios: un sector privado con salarios casi empardando a la inflación, el público levemente por debajo y el sector más castigado del asalariado informal al que todavía el rebote de la economía no le llegó o a los que llegó no alcanzó para recuperar el nivel de ingreso".

Así, el principal problema para la economía doméstica de los argentinos es la inflación, flagelo que para casi 9 de cada 10 es responsabilidad del Gobierno nacional; apenas 4% de los comentarios en redes culpan a los empresarios y 8% a otros sectores (gráfico arriba). En esta variable, el Covid-19 también impactó negativamente, dado que el aumento de precios se transformó en un problema global y regional, como pone en evidencia un estudio reciente de la consultora econométrica pxq: considerando como escenario base febrero de 2020, desde el comienzo de la pandemia los principales países de Latinoamérica sufrieron una aceleración del índice de precios al consumidor (IPC), aunque el impacto fue mayor en los que ya venían experimentando una inercia inflacionaria más alta, como Argentina (gráfico abajo).