Si nos abstraemos por un momento de las imágenes del actual presidente Alberto Fernández, del ex presidente Mauricio Macri y de la ex presidenta y hoy vice Cristina Fernández, surgen dos figuras que ganaron visibilidad durante la pandemia, dado que aparecen junto al primer mandatario en las conferencias de prensa periódicas con respecto al Covid-19: se trata del jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (CABA), Horacio Rodríguez Larreta, y del gobernador de la provincia de Buenos Aires (PBA), Axel Kicillof. Esa condición hace que se los mida en todo el país, en los distritos que gobiernan y en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Un repaso de las encuestas más recientes permite aproximarnos a sus imágenes: según D´Alessio Irol/Berensztein, Rodríguez Larreta alcanzó 53% de imagen positiva en mayo y Kicillof 44% (gráfico arriba). Junio mostró registros estables: 54% para el jefe de gobierno de CABA y 42% para el gobernador de PBA (gráfico abajo).

 

En mayo, Métrica Consultores (gráfico abajo) mostró registros de imagen positiva más bajos para ambos: 36,6% para Larreta y 27,2% para Kicillof, con el detalle de que esta consultora incluye la alternativa de respuesta neutra, a diferencia de D´Alessio/IROL.

 

En junio, Métrica arrojó 37,9% de positiva para el jefe de gobierno de CABA y 33,6% para el gobernador de PBA (gráfico abajo).

 

 

La encuesta nacional de Rouvier & Asociados reportó 45,2% de positiva para Kicillof en mayo y 43,9% en junio, mientras que para Larreta arrojó 52,9% y 53,5%, respectivamente (gráfico abajo). Un promedio de estas seis mediciones nacionales, más allá de sus matices metodológicos resulta en 48% de imagen positiva de 48% para Larreta y de 39,3% para Kicillof.

 

Las encuestas distritales muestran matices. Según la consultora CB, en mayo Kicillof rozó el 52% de imagen positiva vs 47,2% de negativa en provincia de Buenos Aires. El patrón era similar al de CFK, con quien se formó políticamente (al igual que ella, polariza opiniones) y por debajo del presidente (cuyo saldo positivo es mayor).

 

Una encuesta de Proyección del mismo mes arrojó casi 47% de positiva para Kicillof vs 42,5% de negativa (gráfico abajo). Eso confirma el patrón de opiniones divididas para el gobernador de PBA.

 

Según el mismo estudio distrital de CB, a fines de mayo Rodríguez Larreta rozaba el 56% de positiva vs 43,5% de negativa, patrón similar al del presidente Alberto Fernández en CABA. Ambos aventajan al ex presidente Macri allí (gráfica abajo).

 

Según Proyección, la imagen positiva del jefe de gobierno de CABA roza el 50%, vs 30% de negativa (gráfica abajo).

 

Si tomamos la medición de junio de CB, reporta para Larreta 53,9% de positiva vs 46,1% de negativa y para Kicillof 48,6% de positiva vs 51,4% de negativa. Ambos se posicionan en el lote medio de mandatarios provinciales, con valores positivos entre 45% y 54% (Larreta es el número 10 y Kicillof el 15 entre 24 gobernadores (gráfico abajo).

 

De ese modo, el promedio de esas tres mediciones distritales da para Larreta 53,2% de imagen positiva vs 39,8% de negativa en CABA y a Kicillof 49,1% de positiva vs 47% de negativa en PBA. Es decir, el jefe de gobierno de CABA mide mejor en el distrito que administra de lo que mide el gobernador en PBA, y también lo supera a nivel nacional.

Sin embargo, esas diferencias se diluyen cuando hacemos foco en el AMBA, el conglomerado que constituye la mayor “vidriera” del país. Según el estudio más reciente de este repaso, realizado por Clivajes, Kicillof roza el 53% de imagen positiva vs 23% de negativa, con casi 23% de regular (gráfica abajo).

 

El mismo estudio ubica a Larreta con 53,23% de imagen positiva vs 20,26% de negativa y 25,33% de regular (gráfica abajo).

 

En síntesis, Rodríguez Larreta se perfila hoy con mejores chances para la disputa política por el liderazgo opositor. Formado políticamente junto a Mauricio Macri, hoy mide mejor que él a nivel país, en CABA y en AMBA, y se posiciona como una figura con expectativas para el turno electoral de 2023, cuando ya no podrá aspirar a la reelección en la Capital Federal.

En el caso de Kicillof, su relativa juventud y novedad política aún no lo muestran con un diferencial notable a nivel nacional ni en PBA, aunque sí en AMBA. Enfrenta el desafío que supone gestionar PBA, y a la vez le queda mucho tiempo de mandato, además de conservar la chance de ir por la reelección en 2023; así, a diferencia de Larreta, cuenta con más tiempo para consolidarse como “heredero” de la estructura política pan-justicialista.