Las fechas patrias despiertan en nosotros pasiones y reivindicaciones. Algunas dudas podrían ser un buen maridaje para ese plato principal.

Cuenta la historia que un martes nueve de julio en Tucumán, un grupo de hombres declaraban la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata para con la Corona española. Antes de detentar ese acto formal, hubo mañanas, tardes y noches de pasión y violencia. Sobre todo de pasión. Ahora bien, la pasión ¿es un rasgo de carácter positivo?

La construcción cultural del ser nacional casi como símbolo o representación abstracta de un
sentimiento colectivo basado en una matriz pasional parece al menos, desde la lógica formal, un elemento descalificativo. ¿Y desde lo humano?

Sucede que muchas veces la pasión está íntimamente ligada con la tragedia, la injusticia, el
sometimiento y los instintos primarios que estas circunstancias o acontecimientos empujan a
prevalecer en los seres humanos.

En el año 1982, más precisamente un dos de abril, una Plaza de Mayo colmada clamaba unánime y festiva el arrojo a la muerte de 650 héroes por una causa patria, nacional, justa, pero sobre todo pasional. La lógica acompaña en este episodio de la historia la idea, certera, de que en la pasión no hay sino desmesura. Locura. Amor. ¿Qué es el amor? No lo sabemos, será para otro momento. Pero si podemos sospechar que la pasión se le parece mucho.

¿Es realmente la pasión un elemento distintivo de los argentinos? No. ¿Nos apasiona pensar lo
contrario? Si.

Alguna vez Eduardo Galeano retrató con un sentido poético la pasión argentina por uno de los
emblemas más importantes de la cultura popular, cultura popular de este ser nacional, de matriz
pasional, utilizando a Diego Maradona, o mejor, refiriéndose a él y motorizando la idea desde el
concepto hermoso de un dios sucio, el Dios más humano, un elogio a la desmesura, al arrojo, al
flagelo, a lo errático y confuso, como nosotros, humano, pasional. Sobre todo pasional. También
podemos encontrar esta idea en la música, si nos sumergimos a una extraordinaria obra maestra de Babasónicos que se titula “El loco” y reza en la voz de un inspirado y agudo Adrian Dargelos “soy víctima de un dios frágil, temperamental, que en vez de rezar por mi se fue a bailar…”. Detectamos el mismo concepto. ¿Es entonces la pasión amor? De nuevo. Se parecen.

En las últimas semanas la sociedad cordobesa fue testigo de un episodio que podemos utilizar para referirnos a la pasión y recorrer su arista más espesa. La violencia. Violencia que a la pasión parece le es intrínseca. Volvemos a encontrarnos con los instintos primarios del hombre. El intendente de la ciudad de Córdoba tomo la decisión política -que debemos reconocer cuanto menos como interesante desde una perspectiva política- de izar la bandera de la diversidad en el mástil más alto del Parque Sarmiento. En la tarde del sábado un grupo de hombres, algunos de ellos héroes de Malvinas, concurrieron al parque para hacer lo que consideran justicia y así reponer sobre el mástil la bandera argentina, quitando ese “trapo sucio” (sic). Pareciera encontrarse allí la persecución apasionada de lo que en algún momento un lúcido y sagaz Cardoso -apelando al sentido del humor- definió como una “utopía retrospectiva”.

En Brasil corría el año 1987 y el diario Folha do Sao Paulo propuso una de las campañas más
transgresoras, violentas y magistrales de la historia. Fue en manos de la agencia publicitaria
W/Brasil y le valió el premio Cannes como mejor comercial. La campaña se circunscribía a un
eslogan extremadamente complejo y de simple resolución. Utilizaba una trampa del lenguaje, un oxímoron, “el diario que más se compra y nunca se vende”. Para generar impacto y acompañar la idea que, podemos inferir, responde al concepto relativista desarrollado por el filósofo alemán Nietzsche sobre la no existencia de hechos, solo de interpretaciones sobre los mismos, en el comercial W/Brasil utiliza la figura de un personaje histórico y destaca su carácter apasionado.

Destaca también su vocación por la pintura, el arte y la escritura. ¿El personaje en cuestión? Adolf Hitler. Hoy en Brasil vemos un presidente demasiado apasionado. La República Argentina aún presenta (en su entramado legal) una figura controvertida por definición. La idea del crimen pasional. Este agravante previsto en el Código Penal Argentino parece, cuanto menos, una trampa. En fechas importantes. En momentos donde se apela a palabras tan densas como guerra, donde gobierna la incertidumbre, la necesidad se siente y las injusticias históricas emergen, envuelven y someten, parece darse el escenario para el prevalecer de la pasión.

Bolsonavirus - Revista Anfibia
Bolsonavirus - Revista Anfibia

¿Tendrá entonces que ver la pasión con el miedo y la otredad? ¿Será quizás momento de suspender ciertas pasiones? No pareciera habitar en esa utopía retrospectiva la vocación de nuestros próceres. Claro, sucede que la pasión sucede. Ocurre. Es un hecho.

Quizás nos toque vivir en un mundo donde las economías se repliegan sobre sí mismas, las
incertidumbres prevalecen por sobre las certezas, los miedos acechan, y las pasiones son las
protagonistas del momento. La pasión nos pone en peligro. Nos separa de lo humano y nos definecomo humanos, de nuevo un oxímoron. El otro, como dice Borges, es infinito.