Texto producido para el Qué - Portal de Contenidos en el marco del  Especial Pandemia N°2

Por Mariana Rey

En un tiempo en que la información adquiere un valor crucial, la periodista Sibila Camps pone en cuestión la construcción de agenda, la servidumbre a la pauta publicitaria, los vicios de la profesión en contexto de aislamiento, la comunicación de riesgo del Gobierno y la omisión del rol activo de los mayores de 60, entre otros temas. 

Sibila Camps piensa que las grandes emergencias modifican la vida de las sociedades. Es imprescindible entonces una cobertura periodística por encima de los detalles y, fundamentalmente, jerarquizar las noticias y dar información que dé alivio a la población.

Observar críticamente la labor de los medios de comunicación argentinos en tiempos de pandemia requiere una amplia trayectoria en periodismo y un compromiso social a través de la profesión. A más de 50 días del aislamiento obligatorio, la periodista premiada por sus coberturas sobre el cólera y las inundaciones del río Salado, hizo de la praxis una didáctica. Desde su hogar y en medio de la cuarentena, revisa la agenda mediática argentina. Una mesa donde, para la especialista, se sirven platos reiterativos y excluyentes. Donde la temática de la enfermedad está ceñida solamente a la idea de pandemia y sus efectos colaterales, salvo la referencia a las cifras epidemiológicas (cantidad de infectados, personas en recuperación, o fallecidos). Esta agenda, a su vez, omite o trata sin profundidad hechos vinculados a la violencia machista, los femicidios, la deuda externa o el medioambiente.

Autora del libro Periodismo sobre desastres: Cómo cubrir desastres, emergencias y siniestros en medios de transporte, enfatiza: “Pasadas las primeras semanas del aislamiento preventivo obligatorio, en que los grandes medios mantuvieron una ´objetividad científica´, volvieron a una mirada sesgada en relación a las noticias y entrevistas que presentan, según su orientación política y sus intereses económicos”.

Comprometida con los pueblos originarios, la trata de personas y el feminismo, desde la redacción en su computadora y algunos audios de Whatsapp, nos invita a pensar la profesión desde lo más esencial: el concepto de noticia. Para ella, lo que un/a periodista brinda en materia de información puede ayudar al público a calmarse y a realizar buenas elecciones; en definitiva, una persona bien informada puede decidir mejor.

-¿Detectás una planificación en la forma de abordar y presentar la información sobre Coronavirus de los medios argentinos?

-No la hubo al principio, pero ahora da la impresión de que lxs periodistas le van tomando la mano. Sí hay cierta planificación, al menos para lo inmediato; para prever qué consecuencias puede haber en el corto plazo y buscar registrarlas. En cambio, la previsión está ausente a la hora de abordar la cobertura con una mirada panorámica y articular todos los aspectos modificados por la pandemia; más bien se toman de manera fragmentada.

–En este sentido, ¿qué pensás sobre la información que circula?

–La forma como muchos medios y periodistas buscan captar y mantener la atención de la audiencia, en especial la televisión, es la apelación al miedo y el morbo.

En el primer tramo de la cuarentena hubo abundantes notas de servicios, referidas a las formas de contagio del COVID-19, a los síntomas y a las precauciones cotidianas para no infectar ni infectarse; luego fueron espaciándose. Observo, por ejemplo, las entrevistas a profesionales en diferentes especialidades de la salud que buscan aportar a la resiliencia de la población.

Sin embargo, las notas acerca de cómo pasar el tiempo se ofrecen en forma indiscriminada. Estas se alternan con notas a políticos, economistas y empresarios que, en su objetivo de presionar para que los gobiernos relajen las restricciones de cuidado, hacen foco en ciertos aspectos negativos del confinamiento y contrarrestan los espacios y los textos positivos.

–¿Qué pasa entonces con la difusión de las falencias?

-El periodismo debe brindar datos, evidenciar las vulnerabilidades económica, institucional, sanitaria, cultural de las ciudades. El problema reside cuando el medio y/o el programa dejan en evidencia su dependencia de la pauta publicitaria, lo que lleva a “hacer la vista gorda” respecto de esas carencias.

Vicios cotidianos, teletrabajo y acostumbramiento

Sibila Camps detecta que la producción periodística se ve afectada negativamente por el teletrabajo, con el riesgo de que el público termine aceptando esta modalidad en el largo plazo. Advierte además una actitud ansiosa de lxs periodistas. Se pisan (hablar al mismo tiempo) e interrumpen a sus colegas que están en el móvil y a sus entrevistadxs, situación que se intensifica cuando están trabajando desde su casa y no en el estudio.

“Advierto el riesgo de que esta merma en la calidad periodística por el teletrabajo y los programas radiales que se hacen por teléfono, producida por las recomendaciones para reducir los desplazamientos, termine quedándose y siendo tolerada”.

Basta de perfil pasivo y omisión en los medios

–¿Cómo se está abordando la información acerca de mayores de 60?

-En la Argentina, la esperanza de vida es de casi 77 años, por lo que las personas mayores de 60 son una franja considerable de la población –más de 7 millones–, en la que un número importante están económica y/o públicamente activas. Por lo tanto resulta contradictorio y de vicio paternalista que lxs periodistas más jóvenes se refieran a lxs mayores de 60 como “los abuelos” y “las abuelas”, un término que se utilizaba hace precisamente medio siglo, mientras que quienes tenemos más de 60 no nos identificamos con ese perfil pasivo.

Las imágenes difundidas en la televisión y en los medios digitales ponen el acento en el lógico deterioro físico y cognitivo que acompaña el paso de los años, que justifica las restricciones para con ese grupo etario.

–¿Y cómo revertir esta práctica?

-Sería mucho más útil, interesante y verídico hacer a la inversa, es decir indagar y mostrar qué están haciendo las personas mayores de 60 para cuidarse –porque la realidad es que tenemos mayor conciencia de la cercanía de la “fecha de vencimiento”– y cómo están atravesando este aislamiento. Sería provechoso también que se entrevistara sobre ese aspecto a lxs sanitaristas y especialistas en epidemiología, infectología y virología que tienen más de 60 años, empezando por el ministro de Salud de la Nación.

–En tu libro sobre desastres hablás de la comunicación de la gestión de riesgo, llevada adelante por los Estados en situaciones de catástrofes, desastres o pandemia. ¿Cuál es tu análisis sobre la comunicación que realiza el Gobierno?

-Creo que en términos generales, Alberto Fernández está brindando una excelente comunicación: da información fidedigna de la evolución de la pandemia, desarrolla los fundamentos de las medidas tomadas tanto como las que no va a tomar y las explica en grandes líneas; transmite calma; se preocupa por mantener y mostrar que las principales decisiones han sido consensuadas con otros gobernantes (más allá del desajuste acerca de las salidas recreativas).

En cambio, la comunicación del Ministerio de Salud de la Nación es rutinaria y fomenta la lectura automática. Los informes epidemiológicos no incluyen análisis ni conclusiones. Y si lxs periodistas no formulan las preguntas adecuadas, lxs funcionarixs tampoco suelen tomar la iniciativa de dar precisiones y sobre todo interpretaciones de las cifras y datos. Cabe una consideración especial respecto de lxs expertxs que asesoran a las autoridades, siempre con buena disposición para las entrevistas, con una admirable paciencia para reiterar informaciones importantes y pasar por alto errores e ignorancia de lxs periodistas, y con claridad para hacer comprensibles sus explicaciones.

Finalmente, en cuanto a la comunicación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, es errática y contradictoria; también sobreabundante en detalles, lo que hace que lxs habitantes no siempre podamos distinguir lo principal.

A los periodistas

Considero indispensable tomar conciencia de la responsabilidad que tienen, en especial en este momento, en que la población está pendiente de informaciones que puedan aliviar su situación. Esto implica no construir noticias sino buscarlas, detectar las importantes y registrarlas; implica también difundirlas jerarquizándolas, en función de las necesidades informativas de la audiencia.

En las actuales circunstancias, la mala praxis periodística puede llegar a ser tan grave como una mala praxis médica, basta el ejemplo de Donald Trump recomendando beber lavandina. Por eso es imprescindible tener una capacitación en la cobertura de emergencias y desastres. Y al menos, en este período que estamos atravesando, mantenerse actualizadx acerca de la información científica y consultar a especialistas sin arriesgar interpretaciones personales; chequear todos los rumores y no hacerlos públicos si son solo una versión; buscar más de una fuente para reconfirmar noticias; mantener el eclecticismo en la búsqueda de fuentes; publicar las noticias en forma completa y no como verdades a medias. Lxs periodistas deben informar, comunicar e intercomunicar sin alarmismos.

 

En el no aislamiento diario Por las noches, en la cotidianeidad de su casa en la ciudad de Buenos Aires, Sibila Camps relee ficción vinculada con la situación que estamos viviendo: fueron, en ese orden, La peste, de Camus; El eternauta, de Oesterheld y Solano López; La bajamar, de Stevenson, y ese la llevó a Los comediantes, de Graham Greene. El aislamiento le produjo “algunos achaques” por la obligación de suspender la natación y las caminatas, y una sobrecarga de tareas domésticas. En cambio, la periodista no ha dejado de  mantenerse informada a través de portales de noticias y Facebook, donde lee a contactos nacionales e internacionales, postea recomendaciones de música y alerta sobre el amarillismo de algunos periodistas que no chequean la información. En televisión elige algunos noticieros con el solo fin de monitorear las coberturas, y cada tanto algún programa periodístico. Ver su trayectoria

Fotos: Lucía Merle