"Así como nos cambió la vida la cuarentena, también cambió el enfoque de cómo pensar la educación", afirmó el investigador Alejandro Artopoulos del Observatorio Argentinos por la Educación.

Tras la pandemia, las clases se trasladaron de las aulas a las pantallas desde el hogar. No obstante, la situación es dispar en cada escuela y familia del país.

"Antes que empezara todo esto los especialistas mirábamos cuántas escuelas estaban conectadas. No considerábamos que la conexión en casa fuera un problema", expresó Artopoulos.

 

 

Según el investigador, hay varios escenarios en las casas de los estudiantes argentinos:

Familias que no cuentan con conexión a internet: se da más en hogares de bajos recursos y residentes de pueblos del interior del país.

- Familias que no poseen computadoras pero si internet: ocurre incluso en familias de clase media.

- Conexión deficiente de internet: las familias cuentan con acceso pero no tienen el servicio necesario para acceder a videos o videollamadas. De esta manera, se limita la comunicación a medios escritos como los correos o mensajes por chat.

"Uno de cada cinco estudiantes estudiantes de primaria no tiene conexión de todo tipo, dos de los que tienen internet no tienen PC y desconocemos la calidad de conexión de los dos restantes", explico.

Por otro lado, las escuelas presentan situaciones dispares. Antopoulos describió:

"Hay pocas escuelas que pudieron sostener las clases con videoconferencias. La mayoría envió tareas y se contactaron dos veces a la semana".

"La realidad es que hay escuelas mejor preparadas que otras y hoy justamente nos estamos esforzando para investigar la situación y ver cual es la experiencia que tiene los docentes en los últimos dos meses", declaró el investigador.

Y agregó: "Cuando surgió la cuarentena hubo un esfuerzo enorme para continuar las clases pero no había un plan preestablecido".