Se cumplen 26 años del atentado terrorista contra la AMIA, Asociación Mutual Israelita Argentina, que dejó el dolor de 85 víctimas fatales. Uno de los atentados más grandes en la historia de América Latina y aún hoy buscamos Justicia.

Aquel evento aconteció dos años después del ataque a la Embajada de Israel, otro doloroso episodio que dejó un saldo de 29 fallecidos. Recordar estas trágicas fechas, también nos trae a la memoria al fiscal Alberto Nisman, de cuya misteriosa muerte se cumplieron 5 años el 18 de enero pasado.

No hay dudas de que las heridas siguen abiertas, no solo de los familiares de las víctimas, sino de todos los argentinos. Es una herida acrecentada por la falta de justicia; es un dolor que no cesa.

A comienzos de año, se estrenó el documental del británico Justin Webster, “El fiscal, la presidenta y el espía”, que muestra el laberinto de mentiras repetidas, distorsiones, imputaciones paralelas e intrigas del servicio de inteligencia argentino en torno a las investigaciones.

Los tropiezos judiciales son la muestra fehaciente de que la Justicia argentina sigue siendo vulnerable a la presión política. No olvidemos que Nisman acusó a la expresidente Cristina Fernández de obstruir la Justicia. El memorándum de entendimiento con Irán, en el mismo sentido, nos demuestra que existen sectores que desalientan la búsqueda de la verdad y la condena a los responsables.

El oscuro panorama, sin embargo, provocó contra todo pronóstico que la gente se apropie de las calles y se manifieste en completa paz. Una y otra vez, en las variadas protestas populares de los últimos tiempos, las consignas “Basta de Impunidad” y “Justicia” se repitieron con fuerza, de la mano de un pueblo cansado de mentiras, de discrecionalidades, de corrupción y de abuso de poder.

Nos debe llenar de esperanza saber que estamos de pie, juntos, listos para exigir Justicia, para no claudicar en nuestros reclamos, para luchar contra la impunidad, para demandar rendición de cuentas y respeto a las instituciones.

Hoy es Gonzalo Miranda el nuevo fiscal de la unidad que investiga y tiene a su cargo la desclasificación de documentos de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), que el Presidente autorizó en el pasado mes de marzo. Este monumental expediente es por demás sensible, por lo viciado de su proceso, porque está teñido de sangre. ¿Arrojará nueva luz a la investigación o traerá más oscuridad?

Hace pocos días, Fabián Gutiérrez, exsecretario privado de Cristina Fernández, apareció muerto con un corte en la garganta, que suele ser un mensaje mafioso de ruptura de la omertá, el pacto de silencio. El exsecretario de la actual Vicepresidente había sido investigado y procesado por el fallecido Juez Bonadío, en una causa de lavado de dinero relacionada con la investigación de los cuadernos y la recolección de bolsos que aún está en la cámara. ¿Podrá la Justicia trabar un embargo sobre los 900 millones de pesos?

Carlos Telleldín, quién se autodefine como “simpático pillo”, principal procesado por entregar la Traffic que se usó como coche-bomba en el atentado de Amia, será el abogado defensor de los hermanos Zaeta, imputados por el asesinato de Gutiérrez. ¿Son casuales las relaciones de estas personas?

Los interrogantes son muchos, pero algo es seguro, la lucha por una Justicia independiente y eficiente está más viva que nunca. “¡JUSTICIA, BASTA DE IMPUNIDAD!”, es el inconfundible clamor de la ciudadanía.

¿Estarán los responsables de las decisiones a la altura de las circunstancias y de dar la respuesta que se pide a gritos una y otra vez? Por el bien de nuestro país, esperemos que así sea.