La ciencia política distingue una faz agonal (que comprende lo referido a la lucha por el poder) de una faz arquitectónica (la tarea que se lleva a cabo desde el poder para diseñar y ejecutar planes de gobierno).

Esta premisa básica, que sirve para entender los realineamientos de la dirigencia frente a un gobierno según su cercanía o no a la administración del poder, se reforzó desde la pandemia.

Abril, el primer mes de cuarentena plena, arrojó dos signos: según CIGP, el jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires logró casi duplicar al expresidente Mauricio Macri en la percepción de liderazgo opositor (gráfico arriba) y Taquión ubicó al presidente con casi 76% de imagen positiva, escoltado por Larreta (casi 56%), quien a su vez superaba a Macri por 20 puntos porcentuales (gráfico abajo).

 

Mientras Macri abonó la tesis de permitir el contagio en busca de la “inmunidad de rebaño” (ya perimida), Larreta articuló su gestión con la línea alternativa definida por el gobierno de Alberto Fernández.

Esa sinergia se plasmó en las conferencias en las que ambos aparecen junto al gobernador bonaerense Axel Kicillof.

De esa manera, la valoración positiva de la gestión del Covid-19 (84%, según Udesa) terminó aproximando a esas tres figuras más allá del signo político, al mismo tiempo que la posición de Macri quedó confinada a una minoría: electores del nivel socioeconómico más alto (ABC1) y edad avanzada (gráfico abajo).

 

En ese marco, una ola favorable al oficialismo nacional atravesó las mediciones, favoreciendo a muchos líderes distritales, como mostró una encuesta realizada en abril por el Observatorio de Psicología Social de la Universidad de Buenos Aires (gráfico abajo).

 

Así, los dirigentes en funciones de gobierno quedaron “hermanados” por la función arquitectónica de enfrentar la pandemia.

Aun quienes fueron electos por un signo político distinto al oficialista tienen un espacio acotado para diferenciarse, mientras que Macri, luego de obtener 40,28% de los votos el 27-O-2019, retrocedió en valoración a partir del consenso de que la situación del país sería peor si hubiera ocurrido durante su gobierno, según Rouvier (gráfico abajo).

Hoy, su posicionamiento es el de un dirigente con bajo valor de gestión y perfil netamente agonal en términos políticos.

 

La encuesta de Celag de mayo confirmó ese patrón (gráfico abajo).

 

 

Con matices en las cifras, la encuesta de Pulso Social de mayo también mostró a Fernández al tope y Larreta segundo, ambos lejos de Macri (gráfico arriba).

Por su parte, según la medición de Clivajes, en el Área Metropolitana de Buenos Aires casi el 80% veía una relación de cooperación entre Larreta y el gobierno nacional (gráfico abajo).

 

¿Significa esto que Macri ya está fuera de la pelea por el liderazgo opositor?

No, pero mientras la gestión sanitaria del Covid-19 sea el tema dominante en la opinión pública, su posición inicial con respecto a cómo hubiera gestionado él la pandemia lo perjudicará con respecto a figuras menos desgastadas y más cooperativas con el oficialismo nacional, como Rodríguez Larreta.

Las primeras mediciones de junio, como la de CIGP, muestran que la cuarentena tiene un apoyo superior al 60%, mientras que la “línea anticuarentena” a la que Macri apostó originalmente (y que suscriben otros referentes opositores) es claramente minoritaria (gráfico abajo).

 

Ese estudio también muestra que la imagen positiva del presidente está en el mismo orden de magnitud: 64%, vs menos de 20% de negativa (gráfico abajo)

 

Un patrón similar se observa en Horacio Rodríguez Larreta: 62% de positiva vs 20% de negativa (gráfico abajo).

 

En cambio, el patrón se invierte en la imagen de Macri: 24% de positiva, vs casi 53% de negativa (gráfico abajo). Así, hasta nuevos datos, se está cumpliendo la célebre frase del exprimer ministro italiano Giulio Andreotti: “el poder desgasta… a quien no lo tiene”.