Desde aquel octubre pasado, cuando un delicado estado de salud lo llevó a que se le tenga que inducir un estado de coma, la vida de Facundo Molares Schoenfeld no fue la misma.

Nacido en la provincia de Buenos Aires, recorrió como fotoreportero buena parte de centro y Sudamérica. Pero aquel inconveniente le ocurrió en pleno gobierno de facto boliviano, y su pasado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) lo llevó a que sea acusado de un homicidio ocurrido en Montero, cerca de Santa Cruz.

Pasó en aquel momento por medio de un conflicto ocurrido en un puente de la localidad y obtuvo algunos registros. Luego fue al hospital, pero con el paso de los días fue acusado y se dictó, con las singularidades de una dictadura, su prisión preventiva.

Su padre, Hugo, alcanzó a verlo algunos minutos y llegó a acariciarle la cabeza en los primeros días de noviembre, cuando llegó a ser anoticiado y pudo viajar junto a su pareja.

De manera increíble, mientras se aseguraba que su hijo tenga los medicamentos que necesitaba denunció que fueron raptados por más de un día, y le advirtieron que se fueran del país porque "iban a ser masacrados".

Desesperado pedido

Entrevistado por el programa Nada del otro mundo, el padre de Facundo, de 42 años, pide que el caso se visibilice mientras narra: "Hoy está en la cárcel de Chonchocoro, una de las más duras del país, porque está a 4.000 metros sobre el nivel del mar. Ahí se tiene que abrigar con lo que tiene y está mal alimentado: le dan un plato de fideos al mediodía y nada más. Con los problemas que tiene, es muy embromado".

Facundo fue internado por una insuficiencia renal "que nunca se terminó de tratar" y hoy se le suma un cuadro de hipertensión y un hedema pulmonar.

En el país, los pedidos de organismos de Derechos Humanos por su situación se fueron repitiendo.

Los medios bolivianos lo tratan como "el guerrillero argentino" y los partes médicos llegaron a mencionar "un traumatismo craneo-encefálico" y la presencia de "esquirlas en la cabeza, el tórax y el ojo".

Destacando que puede hablar "de vez en cuando" por teléfono con su hijo, Hugo narra que "casi perdió la totalidad de la vista del ojo derecho", y no duda en afirmar que "es una causa inventada y un proceso incontrastablemente ilegal".

Luego agrega: "Está hace 7 meses en esta situación y por eso le escribí la carta al presidente Alberto Fernández. La gente del Consulado en Bolivia está trabajando bien, pero mi reclamo es contra el personal político, el Gobierno no muestra sensibilidad. La respuesta es que no puede hacer nada porque considera que hay una dictadura, pero eso no es cierto".

Con tristeza, remarca que antes de las complicaciones, Facundo le había dicho que "ya se venía" para el país.

Facundo Molares confesó ser guerrillero

La carta a Alberto Fernández

De mi consideración: Yo esperé con ansias que llegara el 10 de diciembre de 2019, como pocas veces esperé que acaeciera una fecha. Me estrujaba el pecho la impotencia de tener a mi hijo preso de la dictadura boliviana que lo detuvo solo para aprovecharse con infinita bajeza de su pasado de militante político.

Cuando estaba secuestrado en la comisaría de Monteros junto con mi compañera por el solo delito de haber ido a ver a mi hijo que estaba internado en terapia intensiva en estado de coma inducido, con respiración asistida y sondas por una insuficiencia renal aguda que padeció, tuve que soportar al oficial interrogador que me refregara con una mueca que semejaba una sonrisa que en mi país el presidente era Macri, y que no esperara nada , ninguna ayuda , ningún auxilio de él. Solo lo mire tratando de que no se me notara el desprecio que me inspiraba.

A nosotros nos liberaron bajo amenaza de muerte el día 14 de madrugada, pero a mi hijo lo sometieron a una parodia de audiencia, vulnerando todos sus derechos en especial el de la legítima defensa, nombrando una defensora de oficio el mismo día de la audiencia, con la presencia de tres fiscales y cinco abogados de la parte querellante en una causa que se había iniciado quince días antes y en la que Facundo ni siquiera estaba mencionado.

Y no podía estarlo ya que no había participado en ningún delito, salvo que así fuere considerado ser foto-reportero de una revista de izquierda de la Argentina. (Sigue en el link de más abajo)

La realidad es que Facundo se encontraba cubriendo las elecciones presidenciales y quería reflejar en fotos y relato el clima que se vivía en el país por esos días, lamentablemente enfermó y sobre eso se sucedió el golpe de Estado que lo encontró internado en un hospital e inconsciente.

De esa audiencia figurada donde además se montó un show periodístico que lo exhibió de modo denigrante semidesnudo en silla de ruedas, convalesciente de terapia intensiva y aún bajo los efectos de fármacos que le impedían mantenerse erguido, surge el dictado apresurado de prisión preventiva, violando sus derechos humanos mas elementales contemplados en la Convención de Viena y en el Pacto de San José de Costa Rica, las disposiciones judiciales del mismo juez actuante y las del Director del Hospital que había determinado que Facundo necesitaba permanecer internado por tiempo indeterminado por lo delicado de su estado.

Dos días después se lo traslada nocturnamente y semidesnudo a la cárcel de Palmasola y de allí al penal de máxima rigurosidad de Chonchocoro en El Alto a cuatro mil metros de altura padeciendo de híper tensión arterial, edema pulmonar, problemas renales y pérdida de visión.

En ese penal sigue estando hace ya casi seis meses, sin la atención minima adecuada a su estado de fragilidad física, procesado en forma amañada, en un limbo judicial perverso y ahora con el riesgo cierto y cercano de la pandemia que tiene como se sabe a la población carcelaria como una de las más vulnerables como bien ha hecho notar la Alta Comisionada para los Derechos Humanos Michelle Bachelet.

He golpeado muchas puertas, he agotado cartas pero no bajaré los brazos, me anima a seguir el amor por mi hijo y mi familia, y la solidaridad de tantos hermanos que me acompañan en este camino y me apuntalan en estos momentos duros y tristes.

Pero sobre todo la conciencia de luchar por una causa justa, además del amor paternal y el respeto que siento por mi hijo y su honestidad.

Señor Presidente hemos recibido muestras de solidaridad y adhesiones de todas partes del mundo, la CIDH ha interpelado a las autoridades bolivianas requiriendo información sobre la situación de mi hijo, el COSI (Comité de Solidaridad Internacional y Lucha por la Paz) se ha expedido en más de una oportunidad solicitando su libertad y repatriación. Organismos nacionales e internacionales como las Madres de Plaza de Mayo, Abuelas, Cels, Cadep, Apdh La Matanza, Working Group on Arbitrary Detention OHCHR, foladh (Foro latinoamericano de derechos humanos),ACAT (Acción de los Cristianos por Abolición de la Tortura), Liga Argentina por los Derechos Humanos, SIPREBA, Sindicato de Prensa entre otras muchas personas y Organizaciones Culturales han expresado su preocupación y apoyo.

Sin embargo, la Cancillería Argentina como la Secretaria de DDHH de la Nación Argentina no han respondido a mis notas y peticiones, todo eso motiva esta Carta Abierta con la esperanza de que nos escuche.

Señor Presidente de todos los argentinos, le pido respetuosamente que inicie alguna gestión para repatriar a mi hijo, apresado injustamente en una causa arbitraria que tiene motivación política y ninguna prueba en su contra.

Su situación por delicada que fuera anteriormente, con el corona virus se ha tornado de extrema gravedad, en el estado de salud que se encuentra él es una persona

de alto riesgo y debe ser repatriado a nuestro país de manera urgente para que pueda ser atendido debidamente.

Lo saludo atentamente quedando a su entera disposición.