Cuando todo presagiaba que el trinomio José María López, Conway y Kobayashi se adueñaría de la carrera

Una falla de un sensor, un error en la comunicación, en la lectura de las pantallas, una desinteligencia entre los ingenieros y los mecánicos.

Cuando todo presagiaba que el trinomio José María López, Mike Conway y Kamui Kobayashi se adueñaría de las 24 Horas de Le Mans, la ilusión se derrumbó a falta de una hora de carrera y el festejo quedó en poder del restante auto que presentó Toyota, que además de la victoria logró el título del Mundial de Resistencia (WEC).

La tripulación compuesta por el español Fernando Alonso, el suizo Sébastien Buemi y el japonés Kazuki Nakajima llevó a lo más alto del podio al coche N°8 por segunda oportunidad consecutiva en el mítico autódromo francés y se bañó de gloria: triunfo y corona.

La frustración y la pesadumbre del piloto argentino se observó, camino a la premiación, en las lágrimas y en el rostro enrojecido por el llanto. Las decisiones equivocadas que se adoptaron, después de lo que transmitían las computadoras, destruyeron las estrategias y le negaron el éxito cuando él conducía, durante el último stints, rumbo a la bandera a cuadros.

Un segundo puesto que en otra instancia sería festejado, ahora tiene el valor de un premio consuelo.

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